El síndrome de Procusto, la tendencia a despreciar al que sobresale

Este interesante artículo nos ha llegado a través de Neurita, una plataforma de divulgación de Psicología, Neuromarketing y Marketing Digital. La jiennense Rocío Medina es psicóloga sanitaria y social y la mujer detrás de Neurita y de este artículo.

 

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Hay una frase que dice que «si encuentras a alguien con más talento que tú, hazle un contrato y págale más de lo que tu cobras». Por desgracia, lo habitual es que cuando nos topamos con una persona brillante tendamos a la incapacidad para reconocer su valía.., e incluso a que muchas veces aparezcan los miedos a ser superados profesional o personalmente e incluso la envidia. Un CEO sabio debería en realidad valorar y alegrarse de tener este perfil en su empresa, pero la realidad es que para muchos esto supone una amenaza. ¿Por qué?

La respuesta tiene mucho que ver con que algunos directivos o mandos intermedias tengan tendencia a evitar la que debería ser su responsabilidad: tomar decisiones adecuadas para su empresa.

El miedo a ser superados, hace que estas personas sean incapaces de reconocer como válidas las ideas de otros y dirigen sus esfuerzos y energía a poner trabas a las iniciativas, aportaciones, ideas y sugerencias de estos.

 

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Kyle Glenn

 

Esta actitud es lo que se conoce como el Síndrome de Procusto y tiene su origen en la mitología griega. Según esta, Procusto ofrecía posada al viajero solitario, lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro y mientras este dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho.

En caso de que la víctima tuviera una altura considerable y su cuerpo sobresaliera por los extremos de la cama, procedía además a serrar las partes del cuerpo que la traspasaran, bien fueran los pies, las manos o la cabeza.

Por el contrario, si era una persona bajita, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo. El mito cuenta que nadie coincidía jamás con el tamaño exacto de la cama, pues Procusto poseía dos: una excesivamente larga y otra excesivamente corta, de manera que nunca nadie encajaba en las medidas exactas.

Y así vivió Procusto hasta que se topó con Teseo, quién dio la vuelta a la tortilla retándole a comprobar si su propio cuerpo encajaba en el tamaño de la cama, dándole un poco de su propia medicina.

En resumen, el mito de Procusto promueve la uniformidad, el obligar a la gente que encaje en nuestros patrones y en ser intolerante con la diferencia. Cuando alguien busca continuamente que todo se ajuste a lo que él o ella dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el "lecho de Procusto".

 

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Kelly Sikkema

 

Esto puede afectar a todos los ámbitos de la vida (laboral, social, político, personal...) y son dos tipos de personas las que suelen sufrir este síndrome: las conscientes y las incoscientes.

En el caso de las personas que son conscientes de su síndrome, la raíz suele tener que ver con traumas del pasado, quizá con algún posible fracaso escolar, pocas amistades, etc. y suele ser el miedo de que alguien ocupe su lugar el que trae de vuelta esos sentimientos y el sufrimiento pasados. Temen que alguien les haga sombra y que se reconozcan capacidades que ellos no poseen.

En el caso de la personas inconscientes está más vinculado a un modelo autoritario y cualquier cosa que salga de él es considerado como una falta de respeto. Sus ideas siempre son las mejores y el resto deben de adaptarse a ellas aunque estén abocadas al fracaso. Es curioso que estas personas suelen hablar y presumir de tolerancia, intercambio de pareceres, etc. Cuando en realidad suelen ser ellas las más intolerantes.

 

El problema no es tener subordinados que saben más que tú sobre determinados temas, el problema es no saber gestionar ese talento.

 

A nivel profesional, tener un Procusto en el trabajo suele suponer un clima laboral de tensión y estrés al primar su visión personal e incluso sus intereses particulares frenando la evolución y eficacia del equipo y generando malestar. A menudo, exigen unos niveles de perfección que, en muchas ocasiones, ni ellos mismos pueden alcanzar.

 

Por Rocío Medina, psicóloga y consultora de marketing digital

 

h/t: Neurita

 

 

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