Pequeñas maneras que construyen el mundo: Desarrollo moral y aprendizaje

Desde hace siglos el estudio de la ética y la moral ha sido una de las principales preocupaciones filosóficas, teológicas y científicas. Platón, Aristóteles, Séneca, Kant o Nietzsche son algunos de los filósofos que le han concedido al estudio de la ética y la moral un papel protagonista en su obra.

 

kohlberg

 

El dilema de Heinz es un ejemplo de uso frecuente en muchas clases de ética y moralidad

 

Los aspectos morales del comportamiento humano, el estudio de los valores y el rol de la educación en el desarrollo de la moralidad llegaron de manera más tardía a la psicología y a la pedagogía, en comparación con el estudio de otras dimensiones del comportamiento. Abordar un tema como el de la moralidad comprometía de alguna manera las intenciones de alcanzar, desde la psicología, la objetividad científica (Williams y Wiliams, 1976)


Con el nacimiento de la psicología moderna, comienza a construirse una teoría del desarrollo moral basada en los aspectos cognitivo-evolutivos del ser humano. Piaget fue el primero en sentar las bases de esta teoría partiendo de la noción de que “el niño es un filósofo”. Su discípulo Laurrence Kohlberg, considerado como una de las figuras más importantes en el campo de la psicología moral en la actualidad, retomó estas ideas piagetianas y desarrolló su propia teoría de desarrollo moral que podríamos resumir en dos ideas clave:

i) El razonamiento moral es un proceso cognitivo que nos permite reflexionar sobre las normas y los valores y ordenarlos en una jerarquía lógica.

ii) Este razonamiento moral evoluciona y se complejiza desde la infancia hasta la adolescencia y la edad adulta en la medida en la que está relacionado con el desarrollo de ciertas capacidades cognitivas.

Así, Kohlberg elaboró tres estadios (pre convencional, convencional y post convencional) que evolucionan desde una perspectiva individualista y egocéntrica en la que las niñas y los niños actúan cumpliendo las normas para evitar el castigo hasta una perspectiva superior de la sociedad donde los DDHH, el bienestar social y los principios éticos universales rigen la toma de decisiones.

En este camino, cuestiones como el reconocimiento de los derechos individuales, la aprobación o no del grupo de identidad o la capacidad de identificar qué acciones romperían el orden social pre establecido cobran un papel fundamental. La metodología para determinar en qué estadio se encuentra la persona consistía en el planteamiento de tres dilemas morales hipotéticos, concisos y comprensibles sobre los que se formulaban diferentes preguntas sin intención de juzgar la respuesta que, de hecho no tiene demasiada importancia, sino el razonamiento moral empleado. El dilema moral más conocido es el Dilema de Heinz que expone el conflicto de un hombre para conseguir las medicinas que necesita su esposa, gravemente enferma.


Una mujer estaba gravemente enferma (próxima a morir) de un tipo especial de cáncer. Había un medicamento que los médicos creían que podía salvarla. Era una forma de radio que había descubierto recientemente un farmacéutico de la misma ciudad. El medicamento era costoso de fabricar y el farmacéutico cobraba diez veces la cantidad que le había costado hacerlo. Pagaba 200€ por el radio y cobraba 2000€ por una pequeña cantidad de la medicina. El marido de la enferma, Heinz, visitó a todos sus conocidos para pedir prestado el dinero e intentó todos los medios legales, pero sólo pudo reunir 1.000 €, la mitad del coste. Le dijo al farmacéutico que se lo vendiera más barato o que le permitiera pagarlo más tarde. Pero el farmacéutico dijo: "No. Yo he descubierto la medicina y quiero ganar dinero". Así que, habiendo intentado todos los medios legales, Heinz se desespera y piensa asaltar la farmacia y robar el medicamento para su mujer.

 

Kohlberg establecía ciertas preguntas relacionadas con el cumplimiento o no de la ley, con la conducta más o menos apropiada de las personas protagonistas o con la aprobación social que tendría cada uno de los comportamientos y, en base a las respuestas, definía el estadio moral de la persona. La pregunta central obviamente era ¿Debe Heinz robar la medicina? ¿Por qué? Para dar respuesta a esta pregunta, casi con total seguridad nos plantearíamos las cuestiones que podrían atenuar o agravar la conducta del tal Heinz. ¿El hecho de robar la medicina por amor debe influir en nuestra respuesta? Robar a alguien que está actuando de modo egoísta para beneficiar a una persona honrada que realmente lo necesita… ¿sería menos grave? O, dicho de otra forma, la eterna cuestión de si el fin justifica los medios. Y, obviamente, la gravedad de la consecuencia de nuestros actos también determinaría nuestra respuesta. Probablemente, si tuviésemos la certeza de que nuestra conducta no desembocaría en la cárcel la resolución de nuestro dilema sería menos complicada.


Con los años, la revisión de la teoría de Kohlberg ha puesto encima de la mesa determinadas críticas basadas en la necesidad de incorporar un enfoque de diversidad cultural y de interseccionalidad en la construcción de las normas y los valores que, evidentemente, no son los mismos en Bélgica que en Madagascar. Igualmente, se ha analizado el enfoque de género en la construcción del desarrollo moral incorporando las relaciones de cuidado, entre otras, como recomendaba Carol Guilligan. Pero lo que sí está claro y, podría decirse, empíricamente consensuado es que el desarrollo moral es un proceso cognitivo. Así que, siendo un proceso cognitivo ¿podríamos “aprender” a desarrollar nuestra moral?


En la vida, nuestro día a día está repleto de situaciones cotidianas en las que nos enfrentamos a dilemas morales o en los que debemos posicionarnos moralmente. No son supuestos ficticios ni decisiones grandilocuentes que afecten de manera directa a la Paz mundial pero son pequeñas maneras de posicionarse en el mundo que, en definitiva, construyen el mundo.

Abordar el desarrollo moral de las niñas y los niños, es fundamental. Desde la escuela, debería trabajarse esta cuestión no tanto para categorizar los comportamientos del alumnado en los diferentes estadios morales, como para acompañar un proceso de reflexión crítico sobre las normas, los valores, la ética y el papel a adoptar en la sociedad. El propio Kohlberg afirmaba que, a pesar del vínculo que existe entre el desarrollo cognitivo y el desarrollo moral, el primero no garantiza alcanzar un desarrollo moral absoluto. De hecho, muchas personas adultas nunca llegarían a sobrepasar la etapa 5 de desarrollo. Por eso es tan importante que la escuela favorezca la reflexión del alumnado en este sentido y lo haga con recursos pedagógicos apropiados. Enfrentar problemáticas como el acoso escolar, la violencia o el discurso del odio pasa por trabajar aspectos relacionados con la gestión de emociones y con la construcción de unos valores que favorezcan alcanzar un estadio moral post convencional. Para ello, es necesario reforzar la capacidad de empatía que hace superar una visión individualista y egocéntrica del mundo. Que las niñas y niños sean capaces de analizar de manera crítica un conflicto y posicionarse atendiendo al respeto a los Derechos Humanos y la justicia social. Y hacerlo mediante un proceso de enseñanza que tenga en cuenta las emociones como base fundamental del aprendizaje porque, al fin y al cabo, como decía Ortega Y Gasset "Con la moral corregimos los errores de nuestros instintos, y con el amor los errores de nuestra moral"

Por Ángeles Alonso

 

Asamblea de Cooperación por la Paz apuesta por un modelo de pedagogía crítica y Educación para la Transformación Social. Desde hace más de 20 años trabaja éstos y otros contenidos mediante su programa ESR, Escuelas para la Paz y el Desarrollo 

 

 

 

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