En los veranos, solemos repetir escenas; ya sea el lugar, el pueblo, la compañía, la misma playa… En esta época del año, tendemos a volver a las personas y a los sitios que nos hacen felices.
En España, el verano es una coreografía imperfecta de costumbres que disfrutamos en el crujir de una silla de plástico al anochecer, en las risas que se escapan en la calle, en los encuentros fortuitos con los de siempre, en definitiva, con un puñado de momentos tan cotidianos y tan especiales a la vez.
Y por eso, desde Cultura Inquieta y junto a la ginebra Gin MG, celebramos esas historias propias y escenas costumbristas en las que la naturalidad y el disfrute por la vida mandan.

Gin MG está ahí en muchas de ellas, como un amigo de los buenos: discreto, con historia y sin filtros, mejorando lo que ya parece de por sí inmejorable.
Está cuando suenan las risas bajo las estrellas, en la conversación que empieza con un “¿te acuerdas?” y no se sabe cuándo acaba y hasta con la última canción que cierra la verbena y enciende el Sol en las fiestas de agosto.
Y es que hay momentos que nos invitan a relajarnos y a mostrarnos como somos, sin obligaciones; también hay lugares que conectan con nuestra esencia, esa que sigue intacta cuando volvemos a ellos.
¿En cuántos de ellos te ves reflejado o reflejada?
Momento: las sillas al fresco
Se va el calor y los más jóvenes se preparan para recorrer sin rumbo las calles. Los más mayores sacan sus sillas a la puerta de sus casas. Las vecinas arrancan conversaciones acerca de cómo han conseguido lidiar con la ola de calor hoy, sobre cómo anda la fruta de cara o de lo contentas que están de tener a toda la familia bajo el mismo techo, aunque sea por unos días al año.

Momento: las fiestas del pueblo
Las luces de la verbena, los altavoces desfasados, el olor a bocadillo de panceta y a colonia fuerte. Cada año parece igual… y menos mal. Te reencuentras con los mismos de siempre. Nada ha cambiado, quizá algún éxito anual incorporado al repertorio de la orquesta a última hora y lo único capaz de sacar a los adolescentes a la pista.
La noche acaba con un brindis improvisado, el gin servido en vaso de plástico, con la misma elegancia que tienen los momentos de verdad.
Momento: reencuentros que esperas y que son inesperados
No hay abrazos exagerados. Solo una mirada que dice: “aquí seguimos”, un año más, que alegría me da verte.
Los amigos del pueblo, los primos que solo ves en agosto, el bar donde nunca cambiaron los azulejos, ni las banquetas de la barra, con las mismas tapas y el mismo bullicio.
El camarero ya sabe lo que vas a pedir. Tú ya sabes con quién vas a brindar.

Momento: Las sobremesas que tiene principio pero no fin
Empieza a las doce de la mañana y termina cuando el sol ya se ha movido de sitio. Se empieza con una café, y después de comer y sin siesta, seguimos con algo “más fresquito” hasta que las anécdotas hagan infinitas las sobremesas y lo que venga.
Gin MG aparece con su receta de siempre, como parte del ritual. Hay quien le echa limón, quien no. Da igual. Lo importante no está en cómo sirves tu vaso. Está en lo que pasa alrededor.
(aquí podemos meter las ilustraciones de Loreto)
Porque Ginebra MG es también una carta de amor a aquellas cosas que nos hacen sentir bien y ser nosotros mismos, sin filtros, sin artificios. Una vuelta al origen que celebra la belleza de lo simple y lo verdadero.
Brindamos por lo que no cambia y sigue siendo casa. Por esos lugares, por esas personas.

*Gin MG recomienda un consumo responsable / 40% Vol.