Yo que siempre me he considerado un sonámbulo vital por eso de que siempre ando soñando, tengo entre mi amplio repertorio de anhelos, el de vivir mil vidas para ser otras personas en otras circunstancias, en otros lugares y con otras sensaciones o perspectivas de la realidad.
Aunque sepa que es algo imposible de alcanzar porque las leyes de la reencarnación no han sido científicamente demostradas, ese extraño deseo es algo recurrente en mí, es como un pensamiento que creo poder materializar en cualquier momento.
Quizás por eso, siempre he admirado la suerte que tienen todos esos actores y esas actrices que disfrutan de la oportunidad de vestirse con las pieles de otros e indagar, en un ejercicio de empatía extrema, en los sentimientos que ellos no han tenido nunca o no han experimentado de otra forma.
De ahí que siempre ande buscando en la ficción, la fórmula para escapar por un momento de mi realidad y vivir un cachito de la de otros, comprobando las causas y efectos de todo aquello que, muy probablemente, nunca tendré la suerte de sentir.
Es ante esa impotencia que me provocan las lógicas imposibilidades de la vida, cuando me conformo con la idea de renacer una y otra vez dentro de mis zapatos, cuando sé que existe la probabilidad de reinventarme, volverme a hacer, resetearme y romper con todo lo que he conocido hasta ahora, eso que no es otra cosa que el proceso natural que supone crecer de manera física y mental.
Crecer es básicamente renacer, reencarnarte en otro tú reforzado ante las adversidades, fortalecido ante ciertas vivencias y experiencias que te dan la vuelta como a un calcetín, dejando al aire la costuras que lo mantienen unido y de una pieza.
Hay muchas maneras de resurgir o de reaparecer sin la necesidad de pasear por mil existencias, exprimiendo la única que se nos ha otorgado; sólo hay que dejar que pase la vida por nosotros, lanzarse sin miedo y con libertad al reto que supone echarle un pulso al mundo y ver como responde, ser un auténtico valiente.
Mientras, siempre tendremos la posibilidad de recurrir a mil películas y las mil maneras de poder experimentar, durante un tiempo limitado, otras verdades, otros mundos, otras culturas, otros lugares, otras circunstancias, otras casualidades y todas las sensaciones que eso conlleva.
1. HEARTSTONE (Guömundur Arnar Guömundsson)
Renacer es superar un primer amor no correspondido, darte cuenta de que un amigo es la familia que eliges y escapar de un ambiente hostil en pro de tu felicidad y de tu realización como individuo.
2. PRIDE (Matthew Warchus)
Renacer es descubrir que la unión hace la fuerza y hace el amor, que no hay nada que no se pueda lograr en colectivo, ayudando a los demás y ayudándote a ti mismo en el camino que hay hacia todas esas batallas que hay que librar contra las injusticias sociales.
3. MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO (Gustavo Salmerón)
Renacer es ver que eres capaz de cumplir todos tus sueños, que te los arrebaten y seguir manteniendo la ilusión y la fuerza para crearte unos nuevos, con la mejor de las sonrisas, con el mejor de los sentidos, el del humor.
4. SECRETOS Y MENTIRAS (Mike Leigh)
Renacer es redimir de sus pecados a alguien que en algún momento te falló, entender por qué lo hizo, amarlo a pesar de (y con) ello y darle una segunda oportunidad porque, sabes que la vida también te la ha dado a ti en algún momento.
5. DOS DÍAS, UNA NOCHE (Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne)
Renacer es salir del profundo pozo de la depresión y la ansiedad, volver a creer en ti y volver a tener fe en la gente que va a luchar por ti cuando creas que nada vale la pena.





