Las religiones y las creencias cada uno las vive o las experimenta como quiere. Hay quienes lo hacen desde la fe y el recogimiento, quienes lo disfrutan desde la tradición y el folklore o, incluso, quienes lo viven desde el arrebato, el delirio o el éxtasis.
Nuestra única religión que es la ficción, nos ha hecho sucumbir, como no podía ser de otra manera, a The Leftovers, una historia que habla de la familia, la pasión, la tradición, el drama, lo místico, la muerte y la resurrección.
Seguro que habéis pensado en cómo se puede tambalear todo nuestro sistema de creencias (y no creencias) ante un hecho inexplicable y cómo, en consecuencia, el vil humano puede aprovecharse de la debilidad de los demás ante la pérdida en todas sus variantes.
The Leftovers viene de la mano de Damon Lindelof, probablemente el guionista más amado y más odiado del panorama por ese fenómeno revolucionario que supuso en su momento LOST, la serie que inició la fiebre por las series y el fandom.
El punto de partida es un misterio marca de la casa; un 14 de octubre desaparece sin dejar rastro el 2% de la población mundial, a partir de ese día, “los sobrantes” tendrán que rehacerse ante las pérdidas personales que ha sufrido cada uno, asimilando, desde varios prismas, la ausencia de los que han partido.
The Leftlovers comparte con LOST un enigmático eje central de tintes religiosos, místicos y hasta filosóficos, pero no comete el error de su antecesora, no se centra en resolver misterios o en dar explicaciones, solo pone el foco en el drama de un elenco de personajes, de nuevo, portentosos.
Sus capítulos se desarrollan al ritmo de las milagrosas partituras de Max Richter, pero sobre todo con un guión demoledor plagado de saltos en el tiempo (también marca de la casa) y que nos mete de lleno en situaciones que se mueven ágilmente entre la distopía, la ciencia ficción y la utopía. Sería algo así como una novela de Saramago de tintes sectarios y fantásticos pasada por el filtro de un drama desgarrador.
The Leftovers no es solo que trate sobre la fe, es que es un acto de fe en sí misma al que hay que entregarse sin prejuicios y sin hacer preguntas que seguramente no tendrán respuesta, únicamente así podréis disfrutarse de una de las experiencias más estimulantes y fascinantes de los últimos tiempos.
Otro ejemplo más que mantiene viva otra creencia, la de que el futuro de la mejor ficción está en la televisión.
Os dejamos con un corte de la sublime banda sonora compuesta por Max Richter.
