Un templo dedicado en exclusiva a la fertilidad y a la adoración del "falo sagrado". Bathan, el antiguo monasterio budista que ha despertado nuestra curiosidad y queremos visitar.
Bután es un país situado en el sur de Asia, situado en el Himalaya, limítrofe en la parte norte con China y en el sur con la India. Sus orígenes se remontan en el S. VIII con la introducción del budismo por parte de los tibetanos. Hoy en día, las gentes que allí habitan se dedican en su mayoría al sector agrícola y ganadero, aunque tienen más peso económico los sectores industrial y de servicios.
Allí se encuentra un templo dedicado a la fertilidad, un monasterio donde el pene es el rey, es sagrado y donde le tienen una especial veneración. Se trata del monasterio de Chimi Lhakhang, construido en 1499 por Ngawang Choegyel, y en el que su arte se base exclusivamente en las pinturas del pene.
Un letrero de "bienvenida" tallada invita a los visitantes occidentales a explorar el monasterio y su pueblo circundante, dedicado por completo al culto al órgano sexual. Los extranjeros sólo comenzaron a descubrir Bután cuando el país abrió sus fronteras al turismo en la década de 1970.
Pero no solo eso, los pintan en las entradas de todas las casas para que les brinden protección y les atribuyen el poder de la fecundidad. Un pequeño reino también considero como el pais de la felicidad, un lugar opuesto a la obsesión occidental por adquirir y medir la riqueza en términos de posesiones.
Esta devoción por el falo se le atribuye al budista Drukpa Kunley, conocido como el "Divino Loco". El monasterio aún guarda e falo que Kunley trajo del Tíbet, el cual lo utilizan para bendecir a la gente que visita el monasterio en busca de ayuda para poder engendrar niños.
¿Por qué construir un monasterio dedicado al pene aquí, en una tranquila aldea rodeada de arrozales? La respuesta está en una leyenda que tiene como protagonista a un perro «demoníaco» que impedía a los habitantes cruzar el cercano paso de Dochula. Según cuenta la historia, el yogui del siglo XV Drupka Kunley consiguió atrapar al demonio en un chorten, una pequeña estructura situada a las afueras del templo que todavía se conserva hoy.
El monasterio es una construcción bastante modesta y, a primera vista, nada hace pensar que este lugar esconde algo especialmente peculiar. Las casas que lo rodean parecen formar una aldea himalaya como cualquier otra, hasta que uno se acerca y empieza a descubrir los llamativos adornos que decoran sus fachadas.
Los habitantes de la zona llamaban a Kunley «el Divino Loco» por sus particulares métodos para alcanzar la iluminación a través de la sexualidad. A día de hoy, sigue siendo una figura bastante atípica dentro del budismo, una especie de oveja negra de la tradición. Es uno de los pocos maestros budistas que suele aparecer con el torso desnudo en las pinturas y, durante su vida, también recibió el apodo de «el santo de las 5.000 mujeres».
También se le atribuye haber popularizado la decoración de las casas con falos en la región. Kunley llegó a bautizar su propio pene como el «Rayo de la Sabiduría Ardiente», un arma simbólica que, según la tradición, utilizaba para combatir el mal. Tenía, además, un sentido del humor bastante irreverente y sus seguidores interpretaron el templo dedicado al pene como un gesto provocador frente a la rigidez y las normas de otros monasterios.
Como símbolos de fertilidad y vida, los penes pintados en tejados, paredes y fachadas servían para ahuyentar las malas energías y proteger a quienes vivían en esas casas. El particular método de sanación de Kunley consistía en tocar la cabeza de sus visitantes con su «rayo», una práctica que, según cuenta la leyenda, también le sirvió para vencer al perro demoníaco.
Hoy en día, los artesanos locales siguen tallando falos de madera que se venden como amuletos de buena suerte, objetos de culto y recuerdos para los turistas que visitan la zona. Para los habitantes de la aldea, estos símbolos forman parte del paisaje cotidiano: están tan acostumbrados a verlos en las fachadas y los tejados que apenas les prestan atención mientras siguen con su día a día.
La región está orgullosa de su historia y no tiene intención de ocultarla. De hecho, a la entrada de la aldea hay un cartel dirigido a los visitantes que explica que los penes «simbolizan la incomodidad que siente la sociedad cuando se enfrenta a la verdad».
En otro monasterio de la zona, Tango Goemba, se custodia incluso un thangka —una pintura religiosa tradicional del budismo tibetano— sobre el que, según cuenta la leyenda, Drupka Kunley llegó a orinar. Una anécdota más que añadir a la peculiar historia del llamado «Divino Loco».
La llegada de internet marcó un antes y un después en la economía del monasterio y de Bután en general, algo especialmente significativo en un país que durante mucho tiempo permaneció aislado del resto del mundo. Hasta 1999, tanto la televisión como internet estaban prohibidos. «Bután permaneció durante mucho tiempo como un secreto para el resto del mundo», afirmaba un periodista de PBS en 2002. Sus paisajes prácticamente intactos y su rico patrimonio cultural habían llevado al país a abrirse al turismo con cautela, ante el temor de que una llegada masiva de visitantes pudiera ponerlos en peligro.
Pero internet tenía otros planes para el pequeño monasterio dedicado al pene. Su peculiar historia no tardó en hacerse viral y atraer la atención de viajeros de todo el mundo. Desde entonces, la tranquila aldea ya no ha vuelto a ser la misma.
Hoy en día, visitar Bután puede salir bastante caro: los viajeros deben tener en cuenta la tasa turística diaria, que se suma al coste del visado y otros gastos del viaje. Aun así, curiosos de todo el mundo y parejas que desean tener hijos siguen peregrinando al famoso monasterio. En algunos casos, la bendición de un monje incluye incluso una predicción sobre el nombre y el sexo del futuro bebé.
La aldea también cuenta con varios restaurantes, así que la visita puede convertirse en una excursión de día completo. Una experiencia que un viajero describió como «el Disneyland de los penes».
vía: messynessychic
