Por qué se cree que el alma pesa 21 gramos

Por qué se cree que el alma pesa 21 gramos

Muchas religiones y creencias populares aseguran que el alma es como esa esencia que cada persona tiene y puede humanizarnos o deshumanizarnos dependiendo de en qué estado la tengamos.

Esta especie de sustancia espiritual e inmortal que habita en algún recoveco de nuestros cuerpos, nunca ha sido vista, ni tocada, ni descrita, sin embargo hay quien asegura que tiene un peso: 21 gramos.

La teoría que popularizo el director mexicano Alejandro González Iñárritu en una cinta que se titulaba precisamente 21 gramos, tiene su origen a principios del siglo XX y a un médico llamado Duncan MacDougall como protagonista.

Fotograma de 21 gramos.

El alma es un concepto tan misterioso como impreciso y confuso, y es por eso que incluso ha sido objeto de la ciencia. Pero donde este concepto adquiere un contexto más potente es en el universo de las religiones, que desde hace siglos, consideran que el alma o el espíritu es uno de los grandes misterios que desde un mundo inmaterial parecen guiar el orden del cosmos.

Como ya hemos señalado, a principios del siglo XX un médico llamado Duncan MacDougall se propuso buscar pruebas sobre la existencia de la esencia incorpórea de los seres humanos en un simple experimento fundamentado en el uso de unas balanzas.

La idea desde la que partió este investigador era que si el alma dejaba algún tipo de huella en el cuerpo que la había albergado, esta debía encontrarse en el momento de la muerte, que es cuando se supone que esta abandona el cuerpo para pasar a otro plano de la realidad. Por eso, sostuvo que la muerte de las personas no sólo supone la desaparición de los movimientos voluntarios y el cese de la actividad mental, sino que tenía repercusiones en el peso del cuerpo.

Un cuerpo al que le faltaba la esencia que lo definía como algo humano, con intenciones y voluntad: el alma.

La creación de Adán, fresco de Miguel Ángel.

MacDougall quiso pesar el alma, comprimir milenios de afirmaciones sobre el más allá en el discreto movimiento de una aguja. Esto fue lo que le llevó a sostener que la plasmación física de la existencia del alma podía encontrarse en, más o menos, 21 gramos de diferencia.

Duncan MacDougall quiso recoger sus pruebas acerca de la existencia del alma humana utilizando como instrumento un complejo sistema de balanzas incorporadas a una especie de cama. De este modo, convenció a seis personas que agonizaban para pasar sus últimas horas en ese tipo de estructura, lo que le permitió ir registrando el peso de sus cuerpos desde unas horas antes de sus muertes hasta justo después.

A partir de estos resultados, MacDougall concluyó que el alma pesa aproximadamente 21 gramos, que es la variación que pudo observar a través de su investigación. Esta afirmación tuvo un impacto considerable en la prensa, que a través del New York Times se hizo eco de la noticia incluso antes de que apareciera una versión de la misma en la revistas académicas.

The Soul Hovering Over The Body Reluctantly Parting With Life, de William Blake.

De este modo, la idea de que el alma podría pesar unos 21 gramos ha enraizado fuertemente en la cultura popular, lo cual explica que aparezcan referencias a este experimento en piezas musicales, novelas y películas.

Si bien es cierto que el artículo del New York Times sobre Duncan MacDougall y el peso del alma tuvo mucha repercusión, también lo es cierto que no fue acogido positivamente de manera unánime.

La comunidad científica de aquella época ya desconfiaba enormemente de las incursiones experimentales en el reino de lo sobrenatural, y el experimento de los 21 gramos se basaba en unas ideas que atentaban directamente contra el principio de parsimonia, que es una regla metodológica que establece que, ante varias explicaciones o hipótesis igualmente válidas para un mismo fenómeno, siempre se debe elegir la más simple.

En igualdad de condiciones, la opción con menos suposiciones suele ser la correcta. Es por eso que los resultados obtenidos por este médico dividieron al público en dos posturas polarizadas.

Para reforzar sus resultados, MacDougall realizó una variante del experimento utilizando perros, para llegar a la conclusión de que no se apreciaba un cambio en el peso de estos animales antes y después de morir, lo cual indicaría que tal y como sostienen ciertas creencias religiosas los animales no humanos carecen de alma. Como es de suponer, esto no hizo más que añadir leña al fuego.

MacDougall confiaba en aprovechar los avances tecnológicos de la época y el refinamiento del método científico para acceder a un tipo de conocimiento que durante milenios había sido inalcanzable para la humanidad, pero que está relacionado con un plano de la existencia asociado a lo eterno, la esencia de los seres humanos y, en general, entidades que habitan lo que hay más allá del reino de lo físico.

Alma en el cielo, de William-Adolphe Bouguereau.

¿Qué piensas del experimento?

Quizás pesamos menos cuando morimos porque nuestra alma abandona nuestro cuerpo, o quizás pesamos menos porque es el mundo lo que deja de pesarnos.

Gracias a Adrián Triglia, de Psicología y Mente.

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