Con aerosoles como única arma, el artista callejero Scaf transforma las paredes de la ciudad con sus criaturas. Desde dinosaurios feroces hasta serpientes, cráneos, huesos o robots parecen atravesar los muros para invadir el mundo real.

«Me encanta pintar en todos estos lugares abandonados. Sobre todo, me gustan las casas abandonadas, las mansiones, los castillos y las fábricas», afirma Scaf, dejando claro que lo único que busca es agregar valor a los lugares.
Y lo hace con un estilo sumamente cuidado y detallista en el que reproduce sombras, reflejos y brillo de una manera tal que cuesta distinguir si se trata de una pintura o de la impresión pegada de una fotografía.

Para rematar la jugada, al artista le gusta convertirse en parte e interactuar con su obra. Ya sea vestido como un hombre de las cavernas para sentarse al lado de un esqueleto de dinosaurio como para alimentar a una rata con un pedazo gigante de queso, jugando con su presencia y con un exquisito sentido del humor como toque final de cada una de sus creaciones.
Y es que poner a las personas en contacto con su niño interior y transportarlas a un mundo diferente es otra de sus grandes motivaciones.

A nivel técnico, el trabajo de Scaf es preciso. Sus ángulos perfectos y su dominio de la perspectiva hacen que tenga el don de crear ilusiones a partir de superficies planas, como nos muestra en varias de estas imágenes en las que podemos ver el antes y el después de sus intervenciones.
Su éxito como artista reside en su esfuerzo por explorar continuamente nuevos temas y escenarios y estar siempre intentándose superar. Esto le ha llevado a montar su propia empresa, Grafo Deco, donde ofrece sus servicios a clientes privados y empresas. ¡Grande Scaf!






















