Como la escena de "La Lista de Schindler" en la que una niña con un abrigo rojo es la metáfora de la inocencia y la vitalidad en un mundo en blanco y negro carente de sentimientos y alegría, estas esculturas grises en entornos monocromáticos nos provocan la misma desazón, la misma melancolía, la de un mundo que, muchas veces, se nos torna frío y anodino.
Las personas grises son aquellas que, casi todos, procuramos evitar a toda costa; Hans Op De Beek las ha convertido en el centro de su obra y ha sabido verles la belleza y mostrárnosla.
El artista belga, que se mueve como pez en el agua en el terreno de la escultura, las instalaciones, la fotografía, los dibujos o los cuentos, ha volcado toda su creatividad y fantasía en un preciosista universo gris habitado por personas y entornos monocromáticos que parecen hechos de efímero polvo.
La intención de Hans es mostrarle al espectador de su obra una realidad paralela anclada en la relación agridulce que tenemos entre el espacio, el tiempo y nuestra rutinaria existencia.
El concepto del autor no puede ser más gráfico, creando esculturas de tamaño real y ambientes inmersivos con materiales como la madera recubierta, el poliéster y el yeso pigmentado, el espectador va a sentir que el mundo que le rodea está carente de color, de manera literal y figurada.
Con el genial trabajo de este artista, se materializa aquello de "verlo todo gris", en esos momentos en los que no encontramos sentido a nada, en los que nos cuesta verle la luz y el color a la vida, cuando deberíamos desterrar la opacidad y la monocromía y dejarlas relegadas al estimulante arte de Hans Op De Beek.
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