La obra figurativa de Ted Lawson actualiza el difícil concepto de la identidad física. Sus esculturas desnudan la individualidad de sus modelos mientras que a la vez fuerzan su personalidad a través de la implicación del espectador, lo que complica por tanto el sentido mismo de su identidad.
Por ejemplo, en su pieza titulada, Eva, refiriéndose a la primera mujer de la Biblia, representa el ciclo de una figura femenina mutando en base a su peso.
En este trabajo, Lawson yuxtapone cuerpos carnosos plagados de celulitis con otros simplemente constituidos de piel y hueso. La pieza obliga al espectador a formular su propia opinión sobre qué cuerpo es el correcto. O más bien, qué cuerpo se correlaciona con qué tipo de identidad.
Al reflexionar sobre esta pieza, el espectador se enfrenta a sus propias interpretaciones de la misma mujer.
via beautifuldecay







