Antes de que tuviéramos la facilidad de tener un recuerdo de nosotros mismos a golpe de clic, todo era más mágico y más auténtico.
Con la era del "selfie", nos hemos inmortalizado tantas veces que ese recuerdo imborrable que era una fotografía está más muerto que nunca.
Cuando todo era analógico, era mucho más único y por lo tanto, era mucho más valioso. Pausar el tiempo de la mágica adolescencia para conservarlo en una captura conllevaba todo un ritual que había que meditar antes de hacer ese "clic" que ahora se ha vuelto un gesto totalmente insignificante.
Una fotografía era algo que ocurría de manera extraordinaria (como la adolescencia) y consciente de ello, la fotógrafa Adrienne Salinger, en esta serie fotográfica "In My Room: Teenagers in Their Bedrooms", quiso hacer eternos a un grupo de adolescentes en sus habitaciones para convertir un momento y un espacio normales en un símbolo de esa etapa llena de esperanzas, sueños y miedos.
Realizada en la década que va de principios de los años 80 hasta principios de los 90, las imágenes de Salinger poseen una intimidad inquietante y ofrecen una sensación de la perenne peligrosidad y fragilidad de la adolescencia.
Lo que atrajo a Salinger de retratar a personas de esa edad fue su osadía y su rebeldía.
«Cuando eres adolescente tienes muy claros tus valores. Quería la intensidad de tener su punto de vista. Captar cómo es la vida sin tener que pagar alquiler, ni pensar en un trabajo, ni nada. Puedes estar seguro de todo. Hay mucha verdad en quién eres, antes de tener que comenzar a ceder ante la sociedad».
Esta es una serie sin ningún tipo de filtro. Ni filtros digitales, ni esos filtros que vamos adquiriendo conforme nos va golpeando la vida, vamos adquiriendo unos patrones y nos vamos ciñendo a los encorsetamientos sociales de nuestra etapa adulta.
