¿Hay ciudades más fotogénicas que otras? ¿o es que algunos fotógrafos a lo largo de la historia han sabido retratarlas de una forma que han quedado en nuestra memoria?
Si habéis visitado Nueva York, es posible que una extraña sensación de pertencencia os haya invadido. Sus rincones, edificios, grandes avenidas y jardines nos resultan curiosamente familiares. Quizá gracias al cine, a su amabilidad geométrica o a la aspiracón global de vivir el sueño americano. El caso es que, sea como fuere, Nueva York es posiblemente, la ciudad más inmortalizada del mundo.
Nos poenemos en antecedentes y nos vamos hasta Los fotógrafos británicos que introdujeron el colorear las fotos a mano y lo extendieron a los japoneses, donde la práctica se popularizó y los artistas nipones mejoraron la técnica. El coloreado a mano fino y delicado se volvió una característica definitiva de la fotografía turística de Japón, los resultados del mismo fueron tomados al Occidente, influenciando el arte de coloreado a mano.
Inventado en Francia en 1907 por Auhuste and Louis Lumiere, el autocromo fue el primer proceso generalmente práctico de la fotografía a color. Los autocromos eran hermosos, pero el proceso era difícil. Los autocromos requerían más tiempos de exposición que el proceso de su contemporáneo en blanco y negro.
El proceso también era aditivo: el resultado era una transparencia de color positivo que podría ser vista en contra de una luz de fondo o como imagen proyectada. La fotografía a color se había convertido una alternativa posible, pero tecnologías para mejorar el color se necesitaban.
La siguiente selección de imágenes en color de Nueva York entre 1900-30 incluye Autocromos, imágenes pintadas a mano y postales.
