"Basquedokfestival es un festival de fotógrafos para fotógrafos", no lo decimos nosotros, lo decía el mismísimo Cristóbal Hara durante su ponencia en este festival que le entregó el premio Basquedokfestival Sariak 2019.
Y la verdad es que así lo siente una desde el mismo momento que entra por la puerta del lugar donde se celebra el festival. Y con lo de que es un festival para fotógrafos no nos referimos a aquellos que se ganan la vida con ello, que también, sino a todos aquellos que de alguna forma aman esta disciplina, incluidos el caso de los que no la practicamos pero si la admiramos.
Si el año pasado nos enamoramos del proyecto, este nos ha encantado ver cómo crece y se afianza con la asistencia de más de 400 personas y más de una veintena de actividades programadas. No solo se han agotado las entradas a la mayoría de las actividades y talleres, sino que lo han hecho manteniendo ese espíritu que nos empujó desde el primer momento a querer ser parte de él.
Admiradores de muchos de los fotógrafos asistentes como Darcy Padilla, el divertidísimo Matt Stuart, Sofía Moro o Martín Weber, entre otros, BDF 2019 nos ha regalado no pocos momentos y muchas emociones.
Así, de Martín Weber aprendimos que el tiempo es algo que siempre está presente en sus trabajos y que su conmovedor proyecto "Mapa de sueños latinoamericanos" nació de la necesidad de devolver algo y dar voz a las personas que estaba fotografiando.
Shujaa Graham. Falsamente acusado de asesinato, fue juzgado por un jurado 100% blanco y condenado a muerte en EEUU, como represalia por su militancia en los Panteras Negras. Tras ocho años en prisión, cinco de ellos en el corredor de la muerte, fue finalmente liberado después de un cuarto juicio en 1981 ante la total ausencia de pruebas incriminatorias. Fotografía de Sofía Moro
Sofía Moro se considera activista y utiliza la fotografía como arma para acercar las historias. "Los fotógrafos perseguimos siempre las historias que nos gustan", afirma.
A ella le atraen, entre otras, las de los condenados en el corredor de la muerte, hasta el punto de compartir 4 días en un hotel de Alabama con 21 personas acusadas injustamente y que consiguieron salir de la cárcel de EEUU. Se declara una fotógrafa lenta, de esas a las que le gusta tomarse su tiempo para hacer las cosas, y eso se nota.
Hay algo que nos gusta mucho de BDF, y es la presencia equitativa de mujeres fotógrafas. Como en tantos otros sectores, la igualdad de oportunidades y de visibilidad no ha estado ni está siempre equilibrada para nosotras, por eso es de agradecer que este festival lo contemple y ejecute.
Con Darcy Padilla llegó la catarsis. Porque si su trabajo es fuerte, escucharla contarlo con la calma con que lo hace, remueve a cualquiera y nos recuerda como ella misma explica que "somos insignificantes. La vida es mucho más potente que cualquiera de nosotros".
Dice Padilla que la fotografía le enseñó a que es más importante ser humana que fotógrafa. Aquella mañana todos salimos, al menos sintiéndonos, un poco más humanos.
Menos mal que al día siguiente apareció Matt Stuart en escena para poner el contrapunto del humor frente a tanta emoción a flor de piel. Stuart nos habló del día que Joel Meyerowitz le llamó para ver si se podía ir con él a hacer fotos por las calles de Londres y también de que hay dos cosas importantes para la fotografía de calle: pararse a esperar y nunca pensar que ya te has perdido la foto.
Hay algo que todos comparten: lo más importante para hacer fotografías es encontrar tiempo para hacer fotografías. Así lo hizo Cristóbal Hara cuando decidió, gracias a su admiración por el trabajo de Henri Cartier-Bresson, dedicarse a ello. Cuatro horas por la mañana y otras cuatro por la tarde le sirvieron para encontrar -de manera autodidacta- su propio lenguaje.
El camino no ha sido fácil, a Hara se le nota cierto desencanto con la industria de la fotografía en general, y que le costó encontrar su camino y sentirse satisfecho con lo que hacía, pero al final hizo de esta su oficio y se nota que le apasiona. La prueba está en que estuvo presente en todas las demás ponencias, participando activamente en ellas.
Hubo otras actividades y ponencias, como la presentación del documental "El silencio de la guerra, DAMASCO", revisión de portfolios "one to one", un paseo fotográfico por Bilbao, proyección de cortometrajes o workshops.
Cerramos con una foto de familia y una promesa, la de que mientras las butacas del festival tenga gente, Basquedokfestival seguirá. Entre tanta saturación de imágenes, es el momento de dignificar la fotografía, de construir y de seguir utilizándola como herramienta para emocionar y contar historias.
Basquedokfestival tiene ya un hueco ganado en nuestros corazones. ¡Nos vemos en Bilbao en 2020!
