No podemos evitar sentir debilidad por la fotografía callejera, esa que nos transporta a otros lugares y nos cuenta las historias que guardan las ciudades en sus esquinas, en sus cielos, en sus gentes, en sus amaneceres y en sus atardeceres.

Las fotografías que realizaba, hace casi 100 años, Jean Pierre Yves Petit, están cargadas de esas atmósferas densas y cosmopolitas que impregnaban al París de la bohéme y que nos traen a la cabeza las películas de Truffaut o las detallistas descripciones que Ruiz Zafón hacía en sus novelas.



Nacido en Burdeos, el fotógrafo francés Jean Pierre Yves Petit (1886–1969) se mudó a París de joven. Allí convirtió su pasión por la fotografía en un trabajo en la revista de cultura L’Illustration, en la que adoptó el seudónimo de Yvon y con el que firmó todas sus capturas para evitar confusiones con un fotógrafo popular llamado Pierre Petit.
En su obra, no solo trataba de captar el estilo de vida, los hábitos y el costumbrismo de una ciudad llena de vida, si no que jugaba con la luz y el clima para dotar a sus imágenes de una ambientación más propia de un pintor impresionista que de un fotógrafo callejero.




La difuminación en los contornos de la Torre Eiffel, Notre Dame o los puentes que cruzan por encima del Sena, se suman a los tonos sepias, ocres y grises que han ido perdiendo fuerza con el tiempo y que dotan al conjunto de un aspecto onírico que contrasta con la veracidad de los paisajes urbanos.
Yvon se esforzaba por explotar el potencial romántico de las nubes, la bruma y la niebla parisina; en su incesante interacción con los clarosocuros de los días de sol y los nublados, creó imágenes que marcaban la diferencia con las realizadas por tantos otros fotógrafos que, generalmente, preferían el clima soleado.



A menudo, trataba de congelar instantes protagonizados por esculturas y gárgolas que desafían al paso del tiempo y nos evocan relatos de una extraña y bella melancolía.






En otras ocasiones los modelos de sus instántáneas podían ser viandantes, pintores callejeros, niños o almas solitarias sumidas en sus pensamientos y que parecen sacados de una novela de Allan Poe.


Movido por la infinita inspiración que le propiciaba el entramado urbanístico de la capital francesa, Yvon estableció su estudio en París en la década de 1920 y, entre las guerras, tomó miles de fotografías de la ciudad y las recopiló en esta magnífica colección llamada Yvon´s Paris.


Gracias al trabajo de Yves Petit, y otros artistas como Vivian Maier, podemos viajar sin movernos del sitio y a lugares muchos más lejanos de los que iríamos en un avión. Ir a la tierra de los sueños no supone un coste económico y se va solo con billete de ida.





