En la Costa de los Esqueletos, al norte de Namibia, un pequeño grupo de leones del desierto ha modificado de forma extraordinaria su comportamiento. Han abandonado las zonas áridas del interior para desplazarse hacia la costa atlántica, donde cazan lobos marinos y otras presas marinas.
Las imágenes captadas por la fotógrafa belga Griet Van Malderen, reconocidas en el Wildlife Photographer of the Year del Museo de Historia Natural de Londres, documentan este proceso de adaptación inédito.
La protagonista de su serie es Gamma, una joven leona que forma parte de este grupo y que ha aprendido a cazar focas para sobrevivir en uno de los entornos más extremos del planeta. Van Malderen comenzó a seguirla cuando era una cría de tres meses; hoy, con tres años y medio, Gamma es una cazadora experimentada capaz de abatir decenas de focas en una sola noche.

Según el investigador Philip Stander, fundador del Desert Lion Conservation Trust y experto en estos felinos desde la década de 1980, el cambio comenzó alrededor de 2015, cuando una prolongada sequía redujo drásticamente la disponibilidad de presas tradicionales como órices, antílopes y avestruces. Empujados por el hambre, los leones redescubrieron la costa y comenzaron a alimentarse de animales marinos.
Actualmente solo doce leones viven a lo largo de la Costa de los Esqueletos, de una población total cercana a los ochenta ejemplares. Su territorio abarca unos 12.000 km², mientras que el de un león del Serengeti suele limitarse a unos 100 km². En esta región desértica, los leones obtienen casi toda su hidratación de la carne que consumen, una estrategia que demuestra su capacidad para adaptarse a condiciones extremas.

El regreso de estos animales a la orilla del océano tiene también un componente histórico. En los años ochenta, los leones del desierto desaparecieron de la costa debido a la pérdida de hábitats y a los conflictos con los agricultores. Tres décadas después, una nueva generación ha vuelto a establecerse junto al mar, lo que representa un ejemplo notable de resiliencia ecológica.
Los estudios de Stander muestran que las presas marinas -focas, cormoranes y flamencos- representan cerca del 86% de la biomasa consumida por tres jóvenes leonas durante un periodo de 18 meses. Por su singularidad, los investigadores los denominan leones marítimos: los únicos felinos conocidos que cazan presas del océano.

Las autoridades locales han implementado medidas de prevención de conflictos entre los leones y las comunidades humanas, como cercas virtuales que emiten alertas cuando los animales se acercan a los asentamientos y el uso de fuegos artificiales para disuadirlos sin causarles daño.

Van Malderen defiende que la fotografía desempeña un papel esencial en la conservación. «Mis imágenes muestran la belleza, pero también la fragilidad de estos animales. Su capacidad de adaptación es una lección para todos: actuar antes de que sea demasiado tarde», afirma.

Las fotografías de esta serie no solo registran un cambio de comportamiento, sino también el proceso mediante el cual una especie se ajusta a las transformaciones impuestas por el clima. Un ejemplo claro de cómo la resiliencia animal puede convertirse en una herramienta de supervivencia frente a la crisis ambiental.
Gracias a BBC NEWS MUNDO