En un mundo que cada vez está más deshumanizado, es absolutamente necesario que, de alguna manera, se hagan visibles esas injusticias que ocurren mientras nosotros miramos a otro lado.
Es por eso, que desde 1997, Médicos del Mundo España convoca anualmente este concurso dedicado a la memoria de Flors, Luis, Manuel y Mercedes, cuatro miembros de la asociación que fueron asesinados en Bosnia-Herzegovina (1995) y Ruanda (1997) cuando luchaban por los derechos humanos. Dado que uno de ellos era fotógrafo profesional, se decidió ponerle su nombre al Premio.
Con este premio se pretende dar continuidad a la labor de todas las personas que contribuyen a construir un mundo más justo y humano. El compromiso y la solidaridad que ejercieron nuestros compañeros y compañeras son los valores que constituyen la esencia de este certamen.

Médicos del Mundo apuesta de esta manera por la fotografía documental para sensibilizar a la población ante problemáticas sociales e impulsar la movilización ciudadana para acabar con la crueldad, la injusticia y la deshumanización imperantes.
En la edición de 2025, 680 participantes de 84 países diferentes han enviado más de 6.100 fotografías en las que no sólo se captura un instante que a través de su denuncia nos hiela la sangre. Cada una de esas capturas, además encierra la historia de alguien detrás, alguien que siente y que padece como tú y como yo, pero que ha tenido la mala suerte de nacer en el lado equivocado del mundo.
Ganador de 2025
Este año, el ganador ha sido el español Samuel Nacar con su fotografía titulada Las sombras ya tienen nombre.

La historia detrás de la fotografía
Después de siete años en prisión, Mohamed Khaled Krayem por fin es libre. Su familia está feliz, pero a él le cuesta pensar en el futuro, ya que debe acudir a citas médicas para recuperarse tras su liberación. «Nos golpeaban con tubos de hierro y plástico en las manos y los pies», cuenta Mohamed.
Ahlan wa sahlan, es una expresión árabe que significa bienvenido. Los entrevistados pronuncian estas palabras como si se refirieran a un viejo conocido: ahlan wa sahlan. Y otra más: dulab, que significa rueda. Este método de tortura, aunque sencillo, se convirtió en uno de los sellos distintivos del régimen: sentar al prisionero dentro de una rueda, inmovilizarlo y golpearlo.
«Te ponían boca arriba dentro del neumático y empezaban a golpearte los pies con tiras hechas con otro neumático que habían cortado», explica Mohamed, el superviviente con los dientes rotos. En la foto, Mohamed adopta la misma postura en la que solía dormir mientras estaba en prisión.
Después de siete años tumbado en la misma postura, su memoria muscular, aún fresca desde su liberación hace solo unos días, reproduce instintivamente las posiciones que se veía obligado a adoptar en su celda. La falta de espacio y la naturaleza repetitiva de esos movimientos hacen que recuerde exactamente cómo se tumbaba y dormía en la cárcel de Sednaya.
Primer Finalista 2025
El primer finalista ha sido el palestino Jehad Al-Sharafi con su fotografía Muerte eterna.

La historia detrás de la fotografía
En Gaza, el hambre ya no es silencio, es una escena diaria de la muerte. La gente persigue los camiones de ayuda en las carreteras, algunos regresan heridos, otros nunca regresan. Y cuando los paquetes de comida caen del cielo, miles de cuerpos frágiles chocan, los gritos de hambre se mezclan con el olor a sangre y el pan se vuelve más preciado que la vida.
Las madres se despiden de sus hijos, los pequeños persiguen ollas vacías y las familias arrastran sacos de harina más pesados que sus cuerpos cansados. Pero la escena se extiende más allá del marco: más de medio millón de personas en Gaza ya se enfrentan a la hambruna, un tercio de la población pasa días sin comer y los niños se consumen por la desnutrición, ante la falta de medicinas y agua potable.
Cada foto aquí no es solo una fotografía, sino un testimonio de una realidad inhumana en la que un trozo de pan se convierte en una batalla colectiva por la supervivencia, la vida o la muerte. Y las últimas imágenes dejan el final abierto, porque la crisis del hambre está lejos de terminar.
Segunda Finalista 2025
La segunda finalista ha sido la italiana Valentina Sinis con su fotografía Si las mujeres afganas desvelaran sus historias.

La historia detrás de la fotografía
Si las mujeres afganas desvelaran sus historias es un proyecto que ofrece una mirada cercana y respetuosa a la vida de las mujeres afganas, mostrando lo que viven en una realidad difícil. Afganistán se enfrenta hoy en día a muchos problemas, y uno de los más graves es la pérdida de los derechos y la libertad de las mujeres. Desde que los talibanes volvieron a tomar el control, se han promulgado más de setenta normas para restringir el acceso de las mujeres a la educación, el trabajo, la atención sanitaria y la libertad de movimiento.
Este entorno hostil ha empeorado enormemente la vida de las mujeres afganas, como demuestran sus propias historias y testimonios. Estas limitaciones afectan a las mujeres en todos los ámbitos, desde los espacios públicos hasta sus propios hogares, donde se enfrentan a restricciones diarias en cuanto a su libertad de movimiento, sus oportunidades e incluso sus pequeñas decisiones.
Sin embargo, las mujeres afganas siguen demostrando una fuerza increíble. Sus decisiones cotidianas, como salir de casa, dirigir negocios u organizarse en sus comunidades, son actos valientes.
Estas acciones muestran una profunda determinación por mantener su identidad en una sociedad que intenta limitar su libertad. La vida de las mujeres afganas está marcada por una fuerza interior que resiste la presión de un entorno creado para frenarlas.
A través de imágenes que van más allá de las simples apariencias, este proyecto pretende captar no solo los retos a los que se enfrentan las mujeres afganas, sino también sus esperanzas, su fuerza y las capas de la historia de cada mujer.
A pesar de vivir en la privación, su silenciosa resistencia refleja los sueños y las identidades que permanecen, incluso en tiempos difíciles. Al compartir estas experiencias, Si las mujeres afganas desvelaran sus historias revela el coraje de estas mujeres, mostrando que, en un lugar donde la libertad se bloquea sistemáticamente, cada pequeño acto de autoexpresión se convierte en una poderosa declaración.
Consciente de los límites de la visión de alguien foráneo o lejano, este proyecto respeta las ricas y variadas experiencias que ninguna historia puede captar por completo: las luchas silenciosas, los sueños tácitos y las batallas diarias que a menudo pasan desapercibidas.
Tercer Finalista 2025
El tercer finalista ha sido el español Santi Palacios con su fotografía Nadie llegó a tiempo.

La historia detrás de la fotografía
El 29 de octubre de 2024, la Comunidad Valenciana sufrió las peores inundaciones del siglo en España: más de 220 personas murieron a causa de las riadas causadas por las lluvias torrenciales, y decenas de pueblos quedaron completamente destruidos. En el epicentro de este desastre se encontraba Paiporta, un pueblo de poco más de 27.000 habitantes, devastado por un aluvión de lodo que arrasó con todo.
En los días y semanas siguientes, el pueblo se convirtió en un símbolo de la catástrofe. Con el paso del tiempo, el barro de las casas se fue desalojando gradualmente gracias al esfuerzo de los vecinos, muchos aún conmocionados, y de miles de voluntarios que viajaron desde toda España. Pero la cantidad de barro que cubría las calles era tan inmensa que parecía interminable. Muebles, ropa, cuadros, electrodomésticos, documentos, juguetes… todo lo que había dentro de las casas acabó en el espacio público. Todo quedó en ruinas. Los objetos que antes llenaban las casas ahora yacían en la calle, esperando ser llevados a un vertedero.
La huella de la inundación era evidente en Paiporta como una cicatriz, midiendo la magnitud del desastre. Dentro de los edificios, una línea marcaba la altura alcanzada por el agua. El olor se intensificaba día a día. Las autoridades recomendaban el uso de mascarillas debido a los riesgos para la salud que representaban el barro, el agua estancada y el polvo en el aire. Las calles de Paiporta cambiaban gradualmente. Cada día algo cambiaba —a veces solo un poco, a veces más notablemente—, pero siempre con mucho esfuerzo.
La situación era de emergencia, y las preguntas, persistentes: ¿Por qué las lluvias pronosticadas tuvieron efectos tan devastadores? ¿Qué fue diferente esta vez? ¿Por qué nadie llegó a tiempo para evitar la catástrofe?
Premio Internacional Luis Valtueña: Web