El cuerpo humano, con todas sus sinuosas curvas y todos los rincones que crean la piel y los huesos, es constante fuente de inspiración artística.
La anatomía puede ser el objeto central de una fotografía o el lienzo en el que se plasma una hermosa composición creada con luces y sombras en blanco y negro que dramatizan y acentúan los volúmenes.
Hay algo de metafísico, a pesar de lo corpóreo, en la obra de Emilio Jiménez; su repertorio de desnudos femeninos en blanco y negro supuran la paz y la tranquilidad de abandonar el peso que muchas veces nos produce nuestro cuerpo.
Estas capturas invitan a dejarnos a la naturalidad de quererlo como un templo dibujado por las luces y las sombras que revelan cada centímetro sin pudor, pero con absoluta delicadeza.
En su serie "Natural Wild Anatomy", el fotógrafo, que actualmente reside en Madrid, estudia todas las posibilidades que la anatomía le ofrece y a la que suma nuevas formas que halla en su contínuo estudio del claroscuro.
Los resultados son de una armoniosa belleza y de una calidez asombrosa, a pesar del uso del blanco y negro; se puede sentir el calor del sol, el frescor de las sombras y el aroma de la piel.
Una auténtica explosión para los sentidos que juega con la divergencia que producen una estimulante serenidad o una pausada contrariedad.
