Matu Buiatti: cuando la fotografía nace del vínculo

Matu Buiatti: cuando la fotografía nace del vínculo

Hay proyectos fotográficos que comienzan con una conversación profunda. La Isla, el proyecto de Matu Buiatti, pertenece a esa categoría rara en la que la imagen no es el objetivo inmediato, sino la consecuencia de algo más lento, más frágil y más humano: el encuentro.

Durante dieciocho meses, Buiatti se dedicó a fotografiar a personas desconocidas. Pero antes de cualquier disparo, hubo otra cosa: tiempo. A veces fue una charla breve que desembocaba rápidamente en sesión.

Otras veces, semanas o incluso meses de intercambio hasta que algo, difícil de nombrar, permitía que la cámara apareciera.

«Estos retratos revelan la desnudez no como exposición, sino como un poderoso acto de devenir».

Slava Mogutin

En ese proceso, la disponibilidad emocional se convierte en la única condición real. No hay guion, ni búsqueda de un resultado concreto. Y cuando la desnudez aparece, no lo hace como provocación ni como espectáculo, sino como un gesto posible dentro de un espacio de confianza construido entre dos personas.

Pero quizá lo más interesante de La Isla es que incluso quienes nunca se desnudan siguen formando parte del proyecto. Porque aquí la participación no depende de un resultado visible, sino de algo más sutil: haber estado, haber hablado, haber compartido.

El vínculo, más que la imagen, es el verdadero material de la obra. En ese sentido, la conversación deja de ser un preámbulo para convertirse en método. La fotografía llega después, como si fuera una huella de algo que ya ocurrió en otro plano: el de la relación.

Trabajar exclusivamente con fotografía analógica no es, en este caso, un gesto nostálgico. Es una postura. El error posible, la espera del revelado, la imposibilidad de ver el resultado inmediato… todo eso introduce una pausa que contradice la lógica de la imagen instantánea en la que vivimos.
Aquí el tiempo es parte del proceso creativo. La espera, la incertidumbre y la imperfección también son partes fundamentales del proyecto. Y en esa aceptación, cada imagen se vuelve más cercana a una experiencia vivida que a una construcción pulida.

Como señala el curador Carlos Herrera, la imagen funciona como «el residuo material de un proceso de intercambio afectivo, verbal y corporal»

En La Isla, el desnudo deja de ser un género cerrado para convertirse en algo más inestable: una situación que depende del contexto, del consentimiento, del tiempo compartido.

El deseo, la distancia y la negociación conviven sin resolverse del todo, dentro de un marco donde fotografiar ya no es capturar, sino construir junto al otro.

En su conjunto, La Isla es una especie de diario de confianza. Un registro de cómo la curiosidad, la conversación y el tiempo pueden transformar a desconocidos en colaboradores.
Y en ese tránsito, la fotografía deja de ser un acto de mirada unidireccional para convertirse en algo más complejo: una forma de relación.

Porque aquí, al final, la imagen es lo que queda después del encuentro.

 Matu Buiatti: Instagram

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