El arte, llevado al extremo de la realidad, llevado a esas fronteras que nadie quiere visitar por inhóspitas, puede ser un vehículo de revolución y reivindicación, mediante el cual se puede dar voz y visibilidad a todos esos que deciden vivir en sus márgenes o a todos esos olvidados que un día se olvidaron de sí mismos.
El fotógrafo Sasha Asensio, a través de su serie de relecturas, fotografía a anónimos y los somete a un artístico contraste para reinterpretar famosas obras pictóricas de la historia del arte, a las que da un enfoque crudo y descarnado.

A través de su lente muestra el lado oscuro y abismal de la vida y pretende humanizar y dignificar a todos los que la sociedad ha dado la espalda bien por su transgresor físico o por un estilo de "vida" al límite, más cercano a la muerte.


Asensio es un diseñador gráfico y publicista de 47 años que es originario de Brasil pero lleva más de 20 años en España; desarrolla su pasión por la fotografía desde los 17 años.
A través de su lente, pretende transmitir una mirada cínica y sarcástica de la sociedad en la que vivimos; sus modelos son "outsiders", yonkis, prostitutas o gente sin hogar que a Sasha le generan interés porque, como él mismo explica, son una especie de héroes anónimos, "Son personas que superan cada día lo que nosotros intentamos evitar a toda costa y me parece admirable".


El creativo siempre se ha sentido atraído por el lado sórdido de la vida; en su Brasil natal ya tenía fascinación por la vida en las favelas y los infiernos urbanos.
Cuando vino a vivir a España, Asensio necesitaba buscar su sitio, ese en el que la multiculturalidad y los diferentes estratos sociales convivieran y tuvieran historias que aportarle; el barrio del Raval en Barcelona, y sus gentes, es el escenario de gran parte de sus capturas y sus desgarradores testimonios.

Esta serie de obras de arte, que crean brutales contrastes con los retratos de Sasha, no dejan indiferente, provocan y golpean el estómago y sugieren comparativas polémicas que levantan ampollas en un espectador que se pregunta qué pretende denunciar o transmitir el artista.
Asensio dice que no se ríe de nadie y se ríe de todos, que él, entabla amistad y cercanía con cada una de las criaturas a las que retrata con su consentimiento y desde un lado que implica absoluta humanidad por lo que está haciendo.




Su inquietud artística y social lo ha llevado a retratar también a los habitantes del barrio de "Las tres mil viviendas" de Sevilla o los de "La Cañada Real" de Madrid.

Sabemos que no es nada fácil contemplar la obra de Sasha Asensio sin sentir un nudo en la garganta, pero menos fácil tiene que ser llevar a cabo la necesaria labor de ponerle cara, nombres e, incluso, apellidos, a la miseria o a la pobreza, al mismísimo abismo.



