En esas batallas morales que se libran cuando se trata de separar a la persona del artista, hay una lista interminable de celebridades que han visto perjudicados sus legados artísticos por sus legados personales.
Vivimos en la era de la cancelación y de lo políticamente correcto, y es por eso que aunque Charles Chaplin (1889-1977) fue y es una de las figuras más trascendentales y claves del séptimo arte, tuvo sobre su espalda la sombra de un lado oscuro que nada tenía que ver con los adorables y comprometidos personajes a los que dio vida en la gran pantalla.
Como la mayoría de sus películas en blanco y negro, la vida de la figura más importante del cine mudo estuvo llena de claroscuros desde su más tierna infancia.

La niñez de Charles fue una infancia absolutamente terrible. La precariedad sumió a su familia en una pobreza brutal, mientras se desestructuraba poco a poco. Cuando tenía sólo tres años, su padre alcohólico, abandonó a la familia y su madre, una actriz con más fracasos que éxitos, intentó sacar adelante a la familia.
La falta de recursos afectó a Hannah, la madre de Chaplin, que no pudo cuidar de sus hijos debido a sus problemas de salud mental. Charles y sus hermanos fueron llevados a un orfanato en el que el actor sufrió maltratos y burlas de otros niños.
A los 8 años, descubrió la actuación y con 9 años empezó su carrera de actor perteneciendo a varias compañías ambulantes de teatro. Habiendo cogido muchas tablas, con 20 años se convirtió en una estrella cómica del cine. Cuando el siglo XX daba sus primeros coletazos, el actor decidió probar suerte dejando su Londres natal y mudándose a los Estados Unidos.
Consiguió un contrato con los estudios Keystone y participó en el rodaje de la película The Tramp, estrenada en 1915. Así nacía Charlot, su personaje más popular y el vagabundo que le permitió participar en docenas de películas, en las que constantemente realizó una sutil crítica a las desigualdades y las injusticias sociales.

En 1919, Chaplin cofundó la compañía de distribución cinematográfica United Artists, que le dio control total sobre sus películas. Su primer largometraje fue The Kid (1921), seguido de A Woman of Paris (1923), The Gold Rush (1925) y The Circus (1928). Inicialmente se negó a pasar al cine sonoro en la década de 1930, y en su lugar, produjo, sin diálogos, City Lights (1931) y Modern Times (1936). Su primera película sonora fue The Great Dictator (1940) en la que satirizó las dictaduras, en concreto la de Adolf Hitler.
La leyenda había nacido. Charles Chaplin fue uno de los hombres más famosos del mundo en la década de los años 20 y los años 30, un icono que todavía perdura y que es reconocido por generaciones enteras de personas que ni siquiera han visto sus películas.
Sin embargo, no era el hombre más querido por su entorno, ya que la estrella del cine fue descrita por quienes convivieron con él como un hombre controlador, tirano, mezquino e hiriente, no sólo mientras estaba en los estudios, sino también en sus relaciones personales.
Su mala reputación se vio acrecentada por las relaciones sexo afectivas que mantuvo con varias mujeres menores de edad.

Durante el rodaje de The Kid, el actor forjó una fuerte amistad con Jackie Coogan, el niño protagonista de la cinta. Dicen que fue debido a que Chaplin perdió a su primer hijo tras casarse con Mildred Harris, una joven de tan solo 16 años.
La tormentosa relación entre Mildred y Charles se originó cuando el actor creyó que la adolescente lo había engañado fingiendo un embarazo para poder afianzar su compromiso. Para cuando la actriz logró quedarse realmente embarazada, el actor no cambió su actitud y la siguió maltratando. El delicado embarazo que sufrió Mildred provocó que su hijo muriera a los 3 días de nacer.
Tras la trágica muerte de su hijo, la pareja se separó. Pocos años después, mientras el actor realizaba la producción de The Kid, conoció a Lita Grey: una niña de 12 años que luego se convertiría en una de las mujeres que marcó la vida de Chaplin.
La historia se repetía. Cuando Lita Grey tenía 14 años pasó de tener una amistad con el popular actor a una relación que culminó en matrimonio en 1924. Nuevamente Chaplin se casaba, esta vez en México, con una joven de 16 años que estaba embarazada de él.

Chaplin accedió a casarse en segundas nupcias, aterrado por los cargos que podrían imponerle al dejar embarazada a una adolescente. Él tenía 35 años.
Varios medios de comunicación afirmaron que cuando Lita Grey se quedó embarazada, Chaplin intentó convencerla para que abortara, pero la madre de la joven amenazó con denunciarlo a la policía. El actor no tuvo más remedio que casarse con la joven y embarcarse, por tanto, en otra relación tóxica.
En su testimonio, Grey declaró haber sido sometida a las exigencias de su marido, que la obligó a realizar actos sexuales degradantes, repugnantes y ofensivos, algunos de los cuales eran ilegales en la California. Charles, por su parte, acusó a la joven de querer aprovecharse de su fama y dinero, calificándola de “cazafortunas”. Finalmente, lograron el divorcio cuando Grey sólo tenía 19 años y dos hijos con el actor: Charles y Sidney.
Tras su divorcio el actor volvió a casarse dos veces, con Paulette Goddard, de 26 años, actriz que lo acompañó en el rodaje de Modern Times, el clásico que vio por última vez al personaje más popular del británico: Charlot. Sólo duraron algunos años juntos.

Su última esposa, Oona O’Neill, nació en 1925, cuando el actor cometía los dramáticos abusos contra su segunda esposa, Lita Grey.
La diferencia de 36 años en la pareja no fue impedimento para que cuando Oona sólo tuviera 18 años contrajeran matrimonio. La pareja, que tuvo 8 hijos, estuvo unida hasta que el actor falleció en 1977, mientras vivían en Suiza, país al que emigraron cuando Chaplin empezó a ser acusado de ser comunista tras el estreno de Limelight.
A pesar de que el propio actor negó ser comunista autodefiniéndose como pacifista, no pudo con la presión y la persecución a la que se vio sometido por tomar algunas decisiones artísticas controvertidas y polémicas como la de llevar a cabo The Great Dictator.
En definitiva, la vida de una de las estrellas más rutilantes del cine, lejos de brillar como debería, quedó ensombrecida por una personalidad perturbadora.
Para el recuerdo, algunas de las obras maestras más redondas de la historia del cine. Para el olvido, una serie de atrocidades que quizás, no deberían caer en el olvido.