Gustav Klimt vivió en la Viena finisecular de Sigmund Freud. Una ciudad en la que, frente a la moral establecida, crecía un nuevo clima más erótico y complejo.
La leyenda cuenta que en el taller del pintor, una casa de una planta rodeada de un precioso jardín asilvestrado, las mujeres se paseaban desnudas a todas horas. Allí, él las dibujaba en todas las formas posibles: jóvenes, ancianas, embarazadas, solas, con hombres o con otras mujeres.
Os compartimos una colección de dibujos del genial artista austriaco. La mayoría son esquemáticos desnudos a lápiz en los que se vislumbra una mujer desinhibida que, dueña de su cuerpo, no teme el asalto a su intimidad.
En uno de sus escasos textos autógrafos, Klimt dice:
"Estoy convencido de que no soy una persona especialmente interesante. No hay nada especial en mí. Soy pintor, alguien que pinta todos los días de la mañana a la noche".
Pero lo cierto es que Klimt despertó en su época una gran fascinación. Se especulaba sobre su vida privada y sobre el movimiento que giraba en torno a su estudio vienés. Sus modelos eran generalmente mujeres que pertenecían a la burguesía vienesa, pero también tenía un séquito de prostitutas que le servían de musas.
Cuentan también que cuando Rodin visitó el estudio vienés de Klimt se arrodilló ante él y le dijo:
"Nunca había sentido nada parecido a lo que siento aquí. Vuestro fresco de Beethoven, tan trágico y tan feliz al mismo tiempo; vuestra grandiosa exposición, inolvidable; y ahora, este jardín, estas mujeres, esta música... Y alrededor de usted y en usted mismo, esta alegría feliz e inocente. ¿Qué puede ser?".
Klimt, con su aspecto de apóstol, se giró y contestó con una palabra: "Austria".
Los dibujos de Klimt, que se sitúan dentro de esta fascinación por la mujer y su sexualidad, también fueron objeto de fuertes críticas. En 1908, Adolf Loos escribía un artículo titulado Ornamento y delito en el que acusaba al pintor de degenerado: "Todo arte es erótico. El primer ornamento fue de origen erótico. La primera obra de arte, el primer acto artístico que el primer artista garabateó en un muro para desahogar su exuberancia, fue erótico. Una línea horizontal: la mujer tendida. Una línea vertical: el hombre que penetra... Pero el hombre de nuestra época que, llevado por una compulsión interna, embadurna paredes con símbolos eróticos, es un criminal o un degenerado".
Guía de Egon Schiele y de Oskar Kokoschka, Klimt dedicó lo mejor de su arte a la mujer, a la que pintó de múltiples maneras. Desde "El retrato de Adele Bloch-Bauer", quizá el más famoso, a "Las tres edades de la mujer" o "El beso". Pero frente a sus cuadros -deslumbrantes iconos dorados que han inspirado no sólo la historia del arte sino también la de la moda- sus dibujos muestran su lucha por captar otra esencia.
Los cuerpos de los dibujos se construyen con lápiz, contornos extremadamente delicados que transmiten la fragilidad de su desnudez. Mientras que los lienzos, los ricos ornamentos convierten los frágiles desnudos en iconos de espiritualidad.
