El sexo, durante largas y diferentes épocas de oscurantismo, ha estado rodeado negaciones, de censura y prohibiciones. Incluso en nuestros días, aunque, obvia y afortunadamente, en menor medida. Ello ha supuesto sistemáticamente un estímulo: ante lo prohibido, la creatividad se fortalece.
Prueba de ello es esta serie de imágenes en las que, con ironía corrosiva, el deseo sexual se representa profundamente ligado con lo diabólico, aunque no en un sentido siniestro, sino más bien lúdico.

Les Diableries Érotiques es el título del conjunto de grabados, las “diabluras eróticas” que hacen ver al impulso sexual como una suerte de curiosidad insaciable, un impulso que no podemos refrenar, que disfrutamos a pesar de las prohibiciones que se le intenta imponer.
Su autor fue Eugène Lepoittevin, pintor, litógrafo y caricaturista francés. Aunque alcanzó gran reconocimiento por sus escenas costumbristas y marinas, también dejó una sorprendente producción de estampas eróticas. A comienzos de la década de 1830 creó las célebres Diableries, una serie de litografías protagonizadas por diablos entregados a situaciones tan absurdas como explícitamente sexuales. Estas imágenes, cargadas de humor negro, fantasía y provocación, dieron origen a un auténtico subgénero dentro de la ilustración francesa del siglo XIX. Varias de estas publicaciones fueron censuradas y su destrucción fue ordenada por las autoridades francesas por considerarlas contrarias a la moral pública.









