Los claroscuros de la escena teatral de New York en las polaroids de Gail Thacker [NSFW]

Fotografía erótica en blanco y negro de Gail Thacker

Los claroscuros de la escena teatral de New York en las polaroids de Gail Thacker [NSFW]

La vida está llena de claroscuros que nos van definiendo al enfrentarnos a las diferentes tramas que nos plantea la existencia. Todos los claroscuros vitales de una atmósfera tan intensa como la de la escena teatral de Nueva York, fueron capturados en polaroids malditas por Gail Thacker.

La fauna teatral de la ciudad que nunca duerme está poblada de almas que Thacker inmortalizó entre 1994 y 2022 con la finalidad de humanizar y mostrar nuestra dualidad, nuestra intimidad, nuestras heridas y nuestros deseos.

El uso de polaroids ha ido tradicionalmente acompañado de la necesidad de acelerar el tiempo, de materializar la inmediatez. Sin embargo, en la obra de Gail, nacida de las misma herramientas e igualmente preocupada por el paso del tiempo, la velocidad no es la característica principal.

Desde que el fotógrafo Mark Morrisroe le regalara una caja de película Polaroid 665 a finales de los años 80, Thacker ha llenado sus fotografías con los personajes de su amado centro y de los alrededores del Gene Frankel Theatre en Bond Street de Nueva York, del que es directora artística desde 2005.

“Se trata de ellos, de mi familia, de ellos viviendo para siempre a través de mi fotografía”, dice la artista, en alusión a la crisis del sida que diezmó y luego reformó sectores enteros de la comunidad queer de la ciudad.

Morrisroe, a quien Thacker conoció a principios de la década en la Boston’s School of the Museum of Fine Arts, moriría a causa de una enfermedad relacionada con el sida, en 1989, a los 30 años. Para la artista, tomar fotografías rápidamente se convirtió en una especie de válvula de escape.

“Mi trabajo consiste en la investigación de errores. Todos estamos decayendo, todos estamos luchando contra el tiempo. Así que divirtámonos. La técnica que aprendí desde el principio, antes de que Mark [Morrisroe] muriera, fue totalmente accidental. Un día envolví mis negativos en plástico, en lugar de enjuagarlos, y los guardé en el armario. Pasó aproximadamente un año y cuando los saqué estaban pegados. No obtuve los resultados más hermosos y definido, pero tenían ese toque".

La estética decadente y experimental de su práctica es consecuencia de guardar los negativos durante a veces hasta un año, lo que permitía el posterior tratamiento envejecido con el que cada imagen luce una vez se plasma en el papel fotográfico. En medio de todo lo que nos rodeaba, estábamos a salvo. 

En varias reflexiones que Gail hace sobre su trabajo, dice que ella nunca se ha considera fotógrafa, que su saber hacer es algo instintivo que nace de sus entrañas y la lleva a emprender su propio viaje tratando de encontrar algún tipo de vocabulario visual y metafísico.

“Siempre trabajo desde las emociones, lo llamo respirar vida. Creo firmemente en experimentar la vida y cometer errores. Mark y yo intentábamos constantemente superarnos con comportamientos arriesgados, porque era importante que el arte fuera también la forma de vivir la vida".

Thacker lanza con su obra un mensaje claro: vivamos mientras podamos.

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