'Naúfragos del aire'. Tres poemas inéditos de Alicia López Latorre

La revista de poesía Santa Rabia Magazine presentó el pasado 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, en medio de toda el abatimiento e incertidumbre que al mundo asedia, tres textos inéditos de la talentosa poeta española Alicia López Latorre (1994, Jaén).

 

Alicia López LatorreLa poeta Alicia López Latorre

 

Atraída por los entresijos de las palabras, Alicia, filóloga y profesora de Lengua y Literatura, combina la docencia con sus estudios de doctorado en la Universidad de Granada y con la escritura.

En el próximo mes de abril de 2020 vería la luz La segunda puerta, con la editorial Sonámbulos, cuya aparición y presentación, debido a la pandemia del coronavirus, será postergada.

 

HABITACIÓN EN JAÉN
 
A Antonio J. Guzmán Díaz
 
¿Qué más da lo que pueda ser la realidad situada
fuera de mí, si me ha ayudado a vivir,     
a sentir que soy y lo que soy?     
           
CHARLES BAUDELAIRE        
 
Mientras el corazón de las plazuelas
gime en el más atroz de los silencios,
el calendario viste y desviste sus
días de identidad homogénea.
Mustia en la periferia del piano,
acariciando el nácar dadivoso,
la espalda quieres dar a las palabras
que pueblan los periódicos, la radio,
y piensas que quizás, al igual que los
acordes con que peinas la madrugada,
esta instantánea es solamente una
ficción fijada ante ojos indiscretos,
una ocurrencia de Edward Hopper
hecha en mil novecientos treinta y dos.
 
 
INSIGNIFICANCIA
 
A los milenarios
 
Por insignificante ante el misterio
que cierne sus placajes tan plomizos
sobre la candidez de tus mejillas,
tu ánimo se contrae como cabeza
de tortuga que, tímida o cobarde,
desde la soledad de una armadura
hecha de la osamenta de este mundo,
no cede sus escamas a un vacío
tan inhóspito como vulnerable.
 
 
NÁUFRAGOS DEL AIRE
 
A los ciudadanos en cuarentena
 
Retornará tu piel hacia otras cimas
lejos de tu vivienda, el alcohol,
el luto circundando las manzanas
y todos los abrazos que no has dado.
 
Olvidará la espera desolarte.
 
A toda fuerza rezas con ahínco:
a Dios, al universo, al azar
y a la administración; que no se ausenten
camas en hospitales, comida en los
mercados, esperanza para todos.
Mientras tanto, admiras la belleza
del médico que salva vidas,
del cajero que acepta tus monedas,
del artista que plasma su refugio,
del aire de Chipiona perfumada
por dádivas de los floristas.
Y en la aurora contemplas el vestigio
de los cuerpos que cada noche aplauden
pese al viento y al frío en los balcones
mientras la voz innata de sus manos
es el único atisbo de vida que
ocupa los paseos de un desierto
que siempre fue habitable.

 

 

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