Grabados noctunos de Martin Lewis, el maestro olvidado de Edward Hopper

Martin Lewis tuvo cierto éxito al principio de su carrera, pero la Gran Depresión le relegó a un segundo plano y pasó las últimas tres décadas de su vida enseñando a otras personas la técnica del grabado.

 

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Entre estas "otras personas" se encontraba el gran Hopper,  el maestro de la pintura que nos enamoró con sus personajes y paisajes solitarios. A pesar de eso, Lewis murió olvidado como artista en la sombra en 1962, siendo maestro de arte retirado. Los extraños caprichos del destino quisieron que la historia eligiera a Hopper para triungar, pero Martin había sido su mentor y probablemente Hopper nunca hubiera sido Hopper sin Lewis.

Consciente de ello el pintor decía en su propia biografía, "después de retomar mi grabado, mi pintura pareció cristalizarse" y fue, de la mano del ilustrador australiano cuando Hopper aprendió los conceptos básicos del grabado.

Martin se había mudado a Nueva York desde su Australia natal en 1909 y los dos se hicieron buenos amigos en el círculo de artistas que frecuentaban.

 

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Lewis empezó en el arte del grabado en el año 1915 y utilizaba una prensa para realizar las impresiones que en aquel momento eran admiradas y demandadas por la élite de la costa este. Mientras se hacía un nombre en Nueva York, Hopper le preguntó si podía estudiar con él para aprender su técnica y así fue como se convirtió en su mentor. De él aprendió el delicado trabajo del grabado y utilizaban la noche de la ciudad que nunca duerme como inspiración para sus obras.

Sin embargo, años más tarde, mientras Hopper preparaba una exposición individual en Pittsburgh, en pleno apogeo de su carrera, rechazaba de esta manera la influencia del trabajo y el aprendizaje del maestro del grabado, "Lewis es un viejo amigo mío", argumentaba quitándole de todo valor profesional en su obra, “cuando decidí grabar, él, que ya había hecho algunos, se alegró de darme algunos consejos sobre los procesos puramente mecánicos, la conexión a tierra del lugar, la impresión, etc.".

 

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Evidentemente, en ese momento ya no eran amigos, aunque el matrimonio Hopper lo achacaba a que era comprensible que a Lewis se le hiciera duro ser testigo cercano del éxito de su amigo.

Una vez más tarde, casi 50 años después de su muerte, una impresión de Lewis, "Shadow Dance", se vendía por el precio récord del artista, 50.400 dólares en una subasta en Nueva York, recibiendo un merecido reconocimiento que por desgracia no pudo ver.

Por su parte, Hopper siempre consideró el grabado como el medio que le permitió explorar otras vías como artista y muchos de sus grabados se convirtieron después en algunas de las pinturas que más famoso le hicieron.

 

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h/t: Messy Nessy

 

 

 

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