Pepe Baena Nieto hace arte de la cotidianeidad con su costumbrismo del s. XXI

Muchas veces nos sentamos ante unos ajos pelados, un plato de tomate rallado, una mesa a punto de tomar vida por sus comensales o unas tostadas de jamón y caemos en la cuenta de que lo cotidiano puede estar lleno de arrebatadora belleza.

Belleza que, por supuesto, es susceptible de convertirse en ese arte que los bodegones y las escenas costumbristas llevan siglos encerrando y que se han ido reinventando a lo largo de la historia. El penúltimo representante de este encumbramiento de la normalidad es el pintor gaditano Pepe Baena Nieto (1979).

 

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Retrato del hijo de Pepe ganador del Premio Antonio López García de Tomelloso.

 

Los óleos de Pepe destilan vida en cada uno de sus brochazos sueltos, toda la que cabe en esos instantes mínimos de felicidad máxima en los que la existencia cobra su sentido pleno.

Unas galletas de dinosaurio mojadas en un vaso de Cola Cao, una abuela que mira si su nieto ha manchado el pañal o un niño disfrutando de una bolsa de papas en un sofá de tela de fibra y estampado maravillosamente kistch.

“Me gusta que mis bodegones sean del s. XXI”, declara el artista. El secreto de las piezas de Pepe no solo reside en su impecable e imperfecta factura. El pintor nos regala momentos de intimidad y cercanía que juegan con nuestra nostalgia y empatía.

“Hay motivos en mi pintura que recuerdan a la memoria del resto”, dice el artista en un esfuerzo por comprender el éxito de crítica y público que tienen sus creaciones.

 

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Falsa alarma.
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Cola Cao con galletas Dinosaurio.
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La Bella Easo.

 

No en vano, el verano pasado ganó el Premio Antonio López García de Tomelloso, en un jurado en el que estaba Antonio López, sobrino del pintor que da nombre al galardón. El pintor de la Gran Vía madrileña le llamó para comunicarle el fallo del jurado y le dijo que se había emocionado con el cuadro.

El protagonista de la pintura que resultó ganadora es el hijo de Pepe, ese niño en el sofá con la bolsa de papas anteriormente mencionado.

“A mí, la perfección no me llama la atención. Aunque sea importante, la técnica no lo es todo. Me gustan los pintores que no copian la realidad, como Cézanne”.

 

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Grazalema.

 

Además, añade: “Para mí, la verdad es lo que veo y lo que vivo. No me gusta retocar las escenas, ni componerlas. Ni acomodarlas. Necesito la espontaneidad cuando retrato a mi familia. Si me posaran, mis niños saldrían tiesos”.

Lo que tenemos claro es que Pepe Baena Nieto vive del arte y hace arte del vivir sin grandes pretensiones ni grandilocuencias, parándose a saborear lo que le rodea con el mismo placer que nos produce una galleta mojada en un Cola Cao caliente o un retazo de intimidad familiar.

 

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La bisnoa.
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Cenando con Pepa.
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Los chinchorros.
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Spiderman después de ver el recibo de la luz.

 

Pepe Baena Nieto: Instagram

 

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