Es ley de vida. Adaptación a los cambios, resistencia.
Cuando te haces mayor, esperas tener la grandísima suerte de poder disfrutar diariamente de todos tus seres queridos. Condensarlos a todos de algún modo en la misma ciudad o país, pero no siempre es así.
Por circunstancias de la vida, las personas comienzan y emprenden su camino en torno a otros factores. La búsqueda de tus metas te hace muchas veces desviarte de tus deseos y hacer que se interponga una distancia física de aquellas personas que siempre tienes en mente.
Había escuchado muchas veces esto, pero nunca pensé que me pudiese pasar a mí.
Tengo 35 años y actualmente vivo en una ciudad que no me ha visto crecer, pero en la que también he creado algo importante, una familia.
No olvido mis raíces, mis padres están a cientos de kilómetros de distancia; del mismo modo que mis hermanos. Nos estamos perdiendo su día a día y ellos el nuestro.
Es por ello que se me ocurrió una idea. ¿Por qué no grabar los momentos más emblemáticos que vivimos en un año? Fines de semana en la piscina y en el campo, días en el parque, fiestas y cumpleaños. Videos y fotografías.
Recogimos todas nuestras vivencias a través de nuestras cámaras, con vistas a mostrarles cuando nos volviésemos a juntar aquello que por la distancia desconocían.
Y así fue. El día que nos vimos les hice un regalo que se alejaba de todo lo convencional que había regalado.
Un pequeño dispositivo para instalar en el televisor de mis padres. Les comenté que el Connect Station CS100 de Canon era una innovación que parecía haberse creado para circunstancias como las nuestras.
Lo instalamos. Mis padres no eran muy tecnológicos aunque, por la sencillez del sistema, no tardaron ni cinco minutos en ponerlo en funcionamiento.
Acercamos nuestras cámaras y, como por arte de magia, el televisor de mi familia comenzó a llenarse de todas nuestras instantáneas y videos. En resumen, de nuestra vida.
Veía la emoción de mi madre en cada video que pasaba. Ahí estaba el año que gracias a Connect Station CS100 de Canon, no llegaron a perderse.
Pero conozco a mis padres y sé que para ellos el enviar cartas y tener álbumes de fotos tendrá siempre su encanto, por ello Canon nos regalaba con la compra del producto un HD Book. Un álbum de fotos que podías crear con las imágenes que tenías almacenadas en tu Connect Station CS100 de Canon.
Era un regalo para que disfrutasen siempre y que les permitía revivir cualquier instante.
A día de hoy continúa existiendo la misma distancia física que antes, pero prometimos que no pasaría un año para compartir todos esos momentos diarios que cuando estamos cerca, muy pocas veces valoramos.
Toda mi familia tiene ahora un Connect Station CS100 de Canon, y compartimos semanalmente todas nuestras experiencias de un televisor a otro. ¡Sin tener en cuenta lo que podemos subir automáticamente a las redes sociales!
Un lujo al alcance de todos, que en mi caso concretamente, ha hecho que nunca exista un día que pueda llegar a perderme.


