Origen del tatuaje: la historia de una moda que no pasa

Origen del tatuaje: la historia de una moda que no pasa

Aunque decorar nuestras pieles con tinta es algo que ha llegado a su máximo auge en las últimas décadas, el origen del tatuaje se produjo hace 5.000 años.

Hoy en día, es más difícil encontrar a alguien que no tenga un tatuaje que alguien que sí haya "manchado" su cuerpo con algún motivo decorativo o que tenga un significado personal.

Imagen, vía @vintagetattophotoarchive

Gracias a Escuela Des Arts.

De un tiempo a esta parte, el sector del tatuaje vive un boom constante. En cualquier lugar del mundo, podemos encontrar multitud de estudios de tatuajes y tatuadores profesionales especializados en diferentes técnicas.

Ahora bien, los tatuajes no siempre han tenido la aceptación que han tenido ahora, pues su connotación, a veces, ha sido negativa. De hecho, ¿sabes cuál es la historia del tatuaje? ¿Cuál es el origen del tatuaje o de dónde proviene la palabra tattoo? Te lo explicamos.

El origen de los tatuajes se remonta hace 5.000 años. Diferentes descubrimientos arqueológicos confirman que, en el Neolítico, el ser humano llevaba tatuajes, ya fuese por motivos místicos, como ritos de paso o como símbolo de lucha y ferocidad.

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Asimismo, se cree que el primer tatuaje de la historia se encuentra en el antiguo Egipto, donde las mujeres se tatuaban por motivos religiosos. Así lo demuestra Amunet: la momia de una sacerdotisa egipcia que tenía diferentes líneas y puntos repartidos y tatuados por todo el cuerpo.

Otro testimonio es el de la momia de Ötzi, un hombre que falleció hacia el 3.255 a.C. en los Alpes y que fue encontrado por dos alpinistas alemanes en 1991. La mayoría de sus tatuajes eran líneas negras horizontales, que se creía que tenían poderes curativos.

Por otro lado, en la Antigua Grecia, los tatuajes eran distintivo de los esclavos y los criminales, pudiéndolos identificar con facilidad. Esta práctica, aprendida de los Persas, se adoptó en la Antigua Roma, donde los mercenarios que desertaban de los ejércitos se podían identificar con rapidez.

En Europa, el tatuaje fue redescubierto en 1769 después de una expedición inglesa comandada por el explorador y capitán James Cook. Este recorrió el mundo en velero y, al volver de las islas de Tahití y la Polinesia, donde los tatuajes se practicaban abiertamente, se trajo con él la palabra “tatau”, que en polinés significa “marcar”.

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Cabe destacar que en la Polinesia era costumbre llevar todo el cuerpo tatuado con motivos geométricos, pues se iban realizando a lo largo de la vida de la persona. Además, dependiendo de la zona geográfica, los tatuajes representaban el estatus social, la valentía o tenían fines místicos. Por lo tanto, Cook fue quien trajo a Europa lo que conocemos como el tatuaje moderno.

Las décadas pasaron y los marineros convirtieron los tatuajes en una práctica habitual que los distinguía de los demás. Asimismo, y con el paso de los años, estos tatuajes se asociaron a la delincuencia, pues en ocasiones dichos marineros eran criminales que no pisaban tierra firme para evitar condena.

El primer salón de tatuajes fue inaugurado por Sutherland Mcdonald quién abrió el primer estudio de tatuajes profesional en el Reino Unido. Concretamente, en el año 1889 en Londres, en plena época victoriana. Aunque al principio, esta práctica se asociaba a personas marginales, según varios historiadores, el tatuaje consiguió colarse entre la élite europea.

Con el paso de los años, los diferentes movimientos sociales han hecho aparecer y desaparecer cíclicamente los tatuajes. En la actualidad, la práctica de hacerse diseños permanentes en la piel ha resurgido con fuerza.

El relevo generacional ha hecho que la connotación negativa otorgada a los tatuajes empiece a ser un recuerdo, pues hoy en día tatuarse la piel supone una forma de autoexpresión, de identidad personal. Asimismo, gracias al auge que vive el mundo del tatuaje, han surgido diferentes técnicas y estilos de tattoos, además de aumentar el número de estudios y de la capacitación de los profesionales para ejercer la profesión de tatuador con todas las garantías.

Así pues, el tatuaje ha pasado de ser un símbolo místico y un distintivo de delincuencia a una forma de expresión que ha dado lugar a un negocio muy potente y a una moda que no pasa, que ha decidido marcarnos para siempre.

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