“De todas las artes, la música es probablemente la expresión humana más universal. Golpea algo en nuestro interior, da igual que la escuchemos en un gramófono, o en un radiocasete o en un mp3. A todos nos ha acompañado en momentos importantes de nuestra vida. La música activa nuestro cerebro y hace que nos sintamos más felices o más melancólicos”
Poster record player, 1960
Bajo esta premisa, empezamos un fascinante y emotivo recorrido por el tiempo a través de la historia de la grabación y la reproducción del sonido en la nueva exposición de la Fundación Telefónica, 3,2,1 Grabando! que podremos disfrutar hasta el 15 de enero de 2017.
Asistiremos al romance entre música y tecnología que, desde finales del XIX hasta nuestros días, ha gestado una relación de amor que ha ido cambiando nuestra manera de crear, de sentir, de disfrutar y de compartir la música.
Una historia de amor que nació desde la curiosidad humana y su constante búsqueda de la manera de capturar todo aquello que nos gusta y, que en principio, como la música, era efímera y se perdía como lágrimas en la lluvia o como ondas en el aire.
¡Atención nostálgicos y amantes de las tecnologías!, os proponemos un viaje fascinante a través del modo de concebir la música. La emoción está servida. Esta exposición nos va a sacar muchas sonrisas y alguna que otra lagrimilla.
Anuncio casete, 1968. ©Philips Company Archives
La exposición está organizada en torno a tres grandes áreas de acuerdo a la evolución cronológica de los dispositivos y los soportes. El primer apartado, Orígenes, abarcaría los años comprendidos entre 1857 y las primeras décadas del siglo XX; a continuación, Revolución sonora, de los años treinta a los noventa del pasado siglo y, por último, Suena en digital, del 2000 hasta nuestros días. La muestra se completará con una serie de recursos relacionados, tales como patentes, diagramas técnicos, fotografías, audios, carteles y audiovisuales, entre otros.
Orígenes, del 1857 hasta las primeras décadas del siglo XX
Salón fonográfico. ©U.S. Dept. of the Interior, National Park Service, Thomas Edison National Historical Park.
Nos tendríamos que remontar hasta la era de Aristóteles o Pitágoras para empezar el viaje por el estudio de las ondas sonoras, ya que la música es casi tan antigua, como lo somos nosotros. Además, siempre se ha considerado como representación poética de lo fugaz, de que no se puede atrapar. Pero el idilio real llegaría en 1857 cuando el tipógrafo e inventor parisino Édouard-Léon Scott dió a luz el fonoautógrafo, que permite registrar las ondas sonoras sobre papel ahumado.
Surge así el primer registro de un sonido acústico sobre un soporte. Aunque ideado como herramienta visual para el estudio y análisis del sonido, Martinville imaginó usos diversos, consciente de la importancia de su invento como garante del talento de “aquellos grandes artistas que mueren sin dejar tras de sí el más breve rastro de su genio”.
Home Recording.
Estos avances tecnológicos trajeron consigo cambios significativos en la composición, interpretación y producción musical, y en su consumo por parte del público. Con el primer registro sonoro, y la posibilidad de su reproducción, el hecho musical dejó de ser uno e irrepetible. Ya no hacía falta acudir a la ópera o a las salas de concierto.
Ahora se podía disfrutar de la música en cualquier lugar, pudiendo escuchar las piezas tantas veces como se quisiera. La experiencia musical se diversificó, ya no era solo un acto colectivo en un espacio público, podía ser también individual en un espacio privado, en los hogares. Empezaba una verdadera revolución.
Revolución sonora
Anuncio casete 1969. Philips Company Archives
El disco evoluciona y llegan los primeros tocadiscos de la mano Columbia Records en 1948. El tocadiscos, tal y como lo conocemos, aparece en 1925 y se diferencia del gramófono en que es enteramente eléctrico, tanto para girar el plato como para captar el sonido.
Este emotivo paseo por el tiempo nos llevará hasta 1963, cuado la empresa danesa Phillips lanza al mercado el primer casete compacto, que patenta libre de derechos para popularizar su uso y convertirse, como lo haría, en el formato estándar a nivel internacional. ¡Ay los casetes, cuántos recuerdos, cuántas horas grabando con decoro para regalo o para simple disfrute personal!
Sería ya en 1979 cuando llegó a nuestras vidas el Walkman de Sony y su manera de cambiar nuestro mundo. Pocos años después llegó el disco compacto, desarrollado conjuntamente por Philips y Sony en 1982, añadió el plus de la alta tecnología aplicada al sonido. Os presentamos al primer reproductor de discos compactos, llamado Discman.
Suena en digital
LLegamos al final de nuestro viaje con el descubrimiento de la compresión digital por parte del alemán Karlheinz Brandenburg, nacía el MP3, en 1995. Si a este descubrimiento le sumamos la revolución internauta, el resultado es una verdadera catarsis tecnológica.
Este es, de momento, el panorama y, al igual que hace 150 años, no sabemos qué vendrá después, cómo se compondrá la música, cómo se escuchará, o cómo se compartirá. Puede que, incluso, los vinilos y las casetes, que viven en nuestro tiempo una segunda juventud, vuelvan para quedarse, reivindicando el lugar que la nostalgia por el sonido analógico perdido y la satisfacción de poseer piezas de gran valor sentimental reclaman para ambos. ¿Qué pasará? ¿Qué nuevas eras nos esperan?
Es tiempo para el recuerdo y la nostalgia porque, ya lo dijo Platón: "La música es el moviemiento del sonido para llegar al alma de la virtud"
¡1,2,3...emocionándonos!
