Los chindogu son singulares inventos que no son útiles, pero tampoco son del todo inútiles. El término "Chindogu" (珍道具) fue acuñado por Kenji Kawakami en la década de 1980 mientras trabajaba como editor de un popular catálogo de compras desde el hogar en Japón.
Como editor, era su responsabilidad llenar todas las páginas del catálogo. Un mes, tenía páginas adicionales para llenar. Como resultado, Kawakami llenó las páginas vacías con productos chindogu que no estaban a la venta.










Sus inventos fueron un éxito instantáneo. Los lectores exigieron más y Kawakami cumplió, insertando imágenes de nuevos inventos en cada catálogo. En poco tiempo comenzó a recibir invitaciones para exhibiciones de arte, entrevistas y programas de televisión.

En 1995, se fundó la sociedad internacional Chindogu. La sociedad incluso estableció 10 mandamientos para la creación adecuada de chindogu:
1. El Chindogu debe ser casi completamente inútil.
2. El Chindogu debe existir físicamente (no puede ser solo un concepto)
3. Chindogu representa la libertad de pensamiento y acción.
4. La inutilidad de Chindogu debe ser entendida por todos.
5. Chindogu no están a la venta.
6. El humor no debe ser la única razón para hacer Chindogu.
7. Chindogu no es propaganda.
8. Los Chindogu nunca son tabú.
9. Chindogu no puede ser patentado.
10. Chindogu debe de ser sin perjuicio.


En un mundo obsesionado con la eficiencia, la productividad y la optimización de cada gesto cotidiano, los chindogu son una pequeña revolución silenciosa. No buscan resolver nada, sino recordarnos que el ingenio también puede ser absurdo, que la creatividad no necesita justificar su existencia y que lo inútil, a veces, es la forma más pura de libertad.

Kenji Kawakami no inventó simples objetos: inventó una filosofía. Una que se ríe del consumismo, del perfeccionismo y del miedo al fracaso. Porque, al final, el chindogu no sirve para nada… y justamente por eso sirve para recordarnos lo que significa crear sin propósito.