Este "mero" funcionario (como él mismo se define) nos desmonta y emociona cada día con los aforismos que publica en redes sociales.
Benditas redes en tanto en cuanto se han convertido en una plataforma para dar a conocer grandes talentos hasta ahora desconocidos.
Su nombre real es Miguel Herranz, aunque quienes le admiramos por lo que escribe le conocemos como Miki Naranja. Y se encarga de regalarnos a diario -desde su perfil de Instagram- dosis de una lírica tan cercana como inteligente, tan irónica y certera como conmovedora.
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Tiene claro sus motivos por los que, como alguien le dijo una vez, "esparce" su poesía regalándola en redes sociales : "A la hora de "atrapar" lectores para la causa me sirvo de cal y arena. Uso la arena como reclamo y trato de atraer la curiosidad del visitante hacia la cal, quien me lea con asiduidad sabrá a lo que me refiero. Esto tiene sus riesgos (soy consciente de ellos y los asumo) puede que se me acuse de no cuidar el poema como, sin duda alguna se merece, en mi defensa argüiré que las plumas sólo coronan el sombrero lo que guarda del sol vive bajo los jaeces...".
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Miki estudió para ser abogado, pero la poesía siempre ha estado presente en su vida, tanto como lector como escritor. De esta última faceta, asegura que nunca dejará de sentirse novel.
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Compartimos ideario, tampoco cree en la cultura exclusiva por y para élites y se pone él mismo como ejemplo "si yo que soy un mero funcionario he logrado emocionarme y trascender por igual con un suelto de Safo sobre un muro, un vídeo colgado en YouTube con Clark o Pérez Cañamares leyendo su obra o un libro de Goytisolo (con sus guardas, solapas, lomos...) en Cátedra, cualquiera puede acceder al poema desde cualquier soporte siempre que se preste atención al repizco y a la palabra, no?".
Y no nos sale otra cosa más que decir, "claro que sí, Miki".
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Escribir es fácil. Escribir
poemas, aún más,
cualquiera puede hacerlo.
No hace falta mucho:
algo que trace, puede ser
un lápiz, un boli, un pedazo
de lignito, cisco, turba, saliva
o incluso sangre.
Hay gente que ripia con sangre
y eso es peligroso
ya que si el poema es malo,
y casi todos los poemas
son esencialmente malos
porque la gente que escribe poesía
lo hace, porque no le queda otra.
Pues, es un desperdicio,
esa sangre podría usarse
para otros fines:
menstruar, hacer amigos,
donaciones, etcétera.
Va, que me lío, en fin
se precisa también una superficie libre
para dejar constancia:
una pared, papel, servilletas usadas,
cuerpos —raídos o sin raer—
cualquier lugar es bueno
para hacer un testamento lírico.
Un corazón que bombee, un encéfalo
en su sitio.
Y lo más importante
Algo que escribir, y escribirlo
más o menos bien
por eso,
él o la poeta debe haber leído
a otros y otras antes.
Más que nada, para repetir
lo mismo, pero de otra forma,
y no contar boludeces
—como esta—.
