Corren tiempos convulsos. Tiempos difíciles en los que el neoliberalismo, la guerra, el cambio climático, la sobreexplotación del planeta, la sociedad del espectáculo, el pensamiento único, la precariedad y la incertidumbre amenazan con llevárselo todo por delante.
Todos los días, a todas horas, en todas partes y de todas las formas posibles no dejan de recordárnoslo…
«¿Cómo hacer? No ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer? La cuestión de los medios.
No la de las metas, de los objetivos, de lo que hay que hacer, estratégicamente, en lo absoluto.
(…)
¿Cómo hacer? ¿Cómo desertar? ¿Cómo funciona? (…) ¿Cómo permanecer en guerra sin perder la ternura?
La cuestión es técnica. No un problema. Los problemas son rentables.
(…)
¿Cómo hacer? El resultado siempre contradice la meta. Porque plantear una meta sigue siendo un medio, otro medio».
Tiqqun. Cómo hacer
Parece que no hay salida, que la distopía que vivimos es y será la norma. Pero no es así. Así lo demuestra la gran multiplicidad de proyectos sociales que trabajan para revertir la situación y construir un mundo mejor, experiencias y experimentos utópicos que piensan y funcionan de forma comunitaria para cambiar el curso de la historia.
Y así lo ha registrado nuestro compañero el filósofo, historiador y periodista Pedro José Mariblanca (RIZOMAS) en el libro que acaba de publicar junto a la editorial Dharana, Comunidad y utopía en la historia reciente de España, la adaptación de su tesis doctoral Las comunidades utópicas en la historia reciente de España, 1980-2023.
Destacando y reivindicando el papel del comunitarismo utópico en la construcción de un mundo mejor –tanto a nivel nacional como internacional–, Mariblanca nos enseña cómo ha sido su evolución en España durante las últimas cinco décadas. Y lo hace a través del análisis histórico de las principales manifestaciones de este fenómeno social en la historia actual del país, como son las comunas, el neorruralismo, el movimiento okupa, las comunidades sostenibles, el cooperativismo de vivienda y el rurbanismo.
Sin la experiencia, incluso puntual, de la comunidad, reventamos, enflaquecemos, nos volvemos cínicos, duros, desérticos (…) Nuestra necesidad de comunidad es tan imperiosa que, después de haber arrasado todos los vínculos existentes, el capitalismo ya no carbura más que con la promesa de «comunidad». ¿Qué son las redes sociales, las aplicaciones de encuentros, si no esta promesa perpetuamente decepcionada? ¿Qué son todas las modas, todas las tecnologías de comunicación, todas las love songs, si no un modo de mantener el sueño de una continuidad entre los seres en la que, al final, todo contacto queda obstruido? Esta promesa de comunidad frustrada incrementa oportunamente su necesidad.
Comité Invisible. Ahora
Determinantes en la reivindicación y el desarrollo de la soberanía alimentaria, la autosuficiencia, el cooperativismo, la autonomía, la sociocracia, la economía y la justicia social, el igualitarismo, el pacifismo, el feminismo, la sostenibilidad, la ecología, la libertad, la cultura libre, etc., las comunidades utópicas nos enseñan que todavía hay alternativas al contexto que vivimos y que, pese a todo, valga la redundancia, está todo por hacer.
Más que nuevas críticas, son nuevas cartografías lo que necesitamos.Cartografías no del Imperio, sino de las líneas de fuga fuera de él.¿Cómo hacer? Necesitamos mapas. No mapas de lo que está fuera del mapa.Sino cartas de navegación. Cartas náuticas. Herramientas de orientación.
Tiqqun. Cómo hacer
Con todos ustedes, Comunidad y utopía en la historia reciente de España, disponible en la página web de la editorial Dharana, tu librería de confianza y todas las plataformas de venta online.
