Las seis reglas de George Orwell para escribir con honestidad

Las seis reglas de George Orwell para escribir con honestidad

Escribir es un arte poderoso que puede servir para entretener, conmover, informar y hacer reflexionar sobre todas esas cosas de la vida que de verdad importan, que merecen ocupar el espacio de una inmortal página.

Es por eso que George Orwell (novelista, periodista, ensayista y crítico británico autor de novelas como Rebelión en la granja y 1984) dio seis directrices que a él le parecían fundamentales para escribir desde la honestidad, la verdad y la autenticidad.

Orwell aseguraba que la mala escritura revelaba algo más profundo que un estilo deficiente. Reflejaba un pensamiento vago, evasivo y, en muchos casos, una forma sutil de deshonestidad. En su ensayo de 1946 titulado Política y lengua inglesa, argumentó que el lenguaje utilizado en los medios de comunicación se corrompía con frecuencia, y que esta corrupción tenía un propósito.

Fotograma de Girls.

«Los informes gubernamentales oficiales, las declaraciones a la prensa y los discursos políticos están plagados de frases vagas y prosa insípida, no por casualidad, sino deliberadamente. Las palabras se convirtieron en herramientas para ocultar acciones y atenuar la respuesta moral: Matamos civiles podía transformarse fácilmente en se produjeron daños colaterales».

George Orwell

Para resistir esta decadencia retórica, Orwell estableció seis reglas para escribir. Si bien estaban dirigidas al lenguaje político, se aplican a casi todas las formas de prosa. Ya redactes una noticia, escribas un copy, compongas una canción o des forma al próximo best seller, sus consejos siguen siendo una de las guías más claras para escribir con honestidad y precisión:

Regla 1: nunca uses una metáfora, símil u otra figura retórica que ya conozcas

A primera vista, los clichés parecen útiles porque resultan familiares. ¿Quién no quiere que su texto sea comprendido de inmediato? Frases como «talón de Aquiles», «agarrarse a un clavo ardiendo» y «andar con pies de plomo» ilustran perfectamente lo que se quiere decir y son un recurso fácil al que recurrir.

Pero ahí radica el problema: los clichés sustituyen la originalidad. Subcontratan el proceso creativo del escritor a términos simplistas que, en palabras de Orwell, son «metáforas moribundas». Son frases que alguna vez evocaron algo vívido, pero que ahora resultan insignificantes.

«Morder la bala» es un ejemplo perfecto de una metáfora moribunda. Si bien originalmente se refería a los soldados obligados a morder literalmente una bala durante cirugías sin anestesia, ahora es solo una forma abreviada de decir algo desagradable. La fuerza visceral de la frase original se ha perdido por completo.

Por eso Orwell desaconseja el uso de frases hechas vagas y fáciles de olvidar. Las imágenes originales, incluso las más sencillas, obligan al escritor a pensar y, a su vez, ayudan al lector a visualizar.

Regla 2: nunca uses una palabra larga cuando una corta es suficiente

Las palabras rebuscadas pueden parecer impresionantes, pero a menudo sirven más al ego del escritor que a las necesidades del lector. Términos como «utilizar», «comenzar» o «mejorar» suelen elegirse no por su claridad, sino porque suenan más importantes.

Orwell nos insta a resistir este impulso. El objetivo de escribir no es alardear de vocabulario, sino comunicar ideas de la forma más directa posible. Esto no significa simplificar en exceso, sino simplemente eliminar las barreras entre el pensamiento y la comprensión del lector.

Las palabras cortas y familiares son más fáciles de leer y más difíciles de usar incorrectamente. Reducen el riesgo de confusión y dan mayor seguridad a la escritura. Después de todo, la claridad es una forma de elegancia.

Una frase de George Orwell.

Regla 3: si es posible eliminar una palabra, elimínala siempre

La mayoría de los textos no adolecen de falta de palabras, sino de exceso. Los malos escritores acumulan cláusulas innecesarias, se repiten y rellenan sus oraciones con frases superfluas que ralentizan la lectura.

La regla de Orwell es un llamado a la disciplina. Si una palabra no cumple una función útil, elimínela. El objetivo no es despojar al lenguaje de todo lo superfluo, sino optimizarlo para que cada palabra tenga su peso.

Frases como «con el fin de», «debido a que» o «en este momento» casi siempre se pueden acortar. Eliminarlas hace que la escritura sea más breve, más concisa y mucho más persuasiva.

Regla 4: nunca uses la voz pasiva cuando puedes usar la activa

La voz pasiva debilita la escritura al ocultar el sujeto y suavizar la acción. «La ventana se rompió» indica lo que sucedió, pero no quién lo hizo. «Él rompió la ventana» es más directo y más honesto.

Orwell consideraba esto más que una simple cuestión de estilo. En el lenguaje político, en particular, las construcciones pasivas se utilizan para eludir responsabilidades. «Se cometieron errores» es un ejemplo clásico, ya que admite que algo salió mal, pero evita convenientemente nombrar al responsable.

El uso de la voz activa obliga a clarificar la responsabilidad. Ayuda al lector a comprender quién hace qué y cómo.

Fotograma de Hamnet.

Regla 5: nunca uses una frase extranjera, un término científico o jerga si puedes encontrar un equivalente en tu propio idioma

El lenguaje técnico, las frases extranjeras y la jerga especializada a menudo se disfrazan de sofisticación. Quienes recurren a ellos suelen intentar proyectar inteligencia o autoridad, pero el efecto real en el lector es la alienación.

Si tu objetivo es comunicarte con claridad, elige siempre la palabra que tu público entienda sin dudarlo. Términos como «quid pro quo» y «pièce de résistance» tienen sustitutos más sencillos y claros. Para Orwell, escribir en un lenguaje sencillo no es una limitación, sino una virtud.

Regla 6: incumple cualquiera de estas reglas, si se interponen en tu camino

La última regla de Orwell es una salvaguarda contra la obediencia ciega. Estas reglas tienen como objetivo mejorar la calidad de tu escritura, y si su estricta adhesión genera confusión, torpeza o tergiversación, es mejor romperla.

Hay ocasiones en las que un cliché puede funcionar mejor que una imagen original forzada, o en las que el uso de la voz pasiva puede estar justificado. Pero estas deben ser excepciones, no hábitos.

El principio fundamental de Orwell es que la escritura siempre debe buscar hacer más visible la verdad. Si una de estas reglas se interpone en tu camino, descártala: la honestidad y la precisión importan más que cualquier convención retórica.

Fotografía, vía Pinterest.

Ahora que ya tienes los consejos de un genio como Orwell, quizás sea el momento de empezar a llenar esa hoja en blanco que lleva tiempo esperando a hacerse inmortal.

Gracias a The Culturist.

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