Abrazar el dolor podría ser la vía para alcanzar la existencia plena
Lo que salvará al mundo líquido no va a ser la belleza, sino la capacidad de atravesar el dolor.
Lo que salvará al mundo líquido no va a ser la belleza, sino la capacidad de atravesar el dolor.
El ser humano tiende a compararse y actualmente esto es cada vez más pronunciado con las redes sociales, que son una especie de aparadores donde las personas exponen una versión editada de sus vidas y donde cada persona, cada imagen y cada frase están siendo medidas. Y hay pocas cosas que hagan tan amarga la vida y contraigan tanto el espíritu como compararse y sentir envidia o menosprecio por sí mismo.
Una página del diario del gran poeta y humanista estadounidense Walt Whitman nos demuestra que la felicidad que tantos persiguen es más bien consecuencia de la tranquilidad del espíritu.
La locura puede ser vista como una herramienta flexible y lúdica para sobrevivir el caos e incertidumbre de nuestros días.
Todo es efímero. En un mundo impermanente, el desapego es la actitud más inteligente.
Esta frase del genial Pascal parece hoy más relevante que nunca: "La infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación"; aunque habla de una verdad atemporal.
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han es, sin duda, uno de los filósofos más famosos y respetados de la actualidad. Es un destacado diseccionador de la sociedad del hiperconsumismo.
En la víspera de Navidad de 1664, un residente de Londres llamado Goodwoman Phillips fue hallado muerto en el destartalado distrito de “San Los bubones” reveladores en su cadáver no dejaron ninguna duda sobre la causa de la muerte. Su casa fue sellada y las palabras “Señor ten piedad de nosotros” fueron pintadas en la puerta en rojo: Phillips había muerto de peste bubónica.
En nuestra época aparentemente se ha cumplido parcialmente una de las fantasías más imposibles del capitalismo: la abolición del tiempo. Pocas cosas que asusten tanto al hombre contemporáneo como el tiempo libre, el tiempo vacío, los tiempos muertos, el tiempo ocioso, el tiempo sin obligaciones, el tiempo inútil, el tiempo sin sentido manifiesto ni propósito declarado; en pocas palabras: el tiempo para sí.
Un fragmento de 'El banquete' de Platón nos ofrece una hipótesis atractiva para abrazar el cambio propio de la existencia.