Sobre por qué el desapego es la sabiduría más grande
Todo es efímero. En un mundo impermanente, el desapego es la actitud más inteligente.
Todo es efímero. En un mundo impermanente, el desapego es la actitud más inteligente.
Imaginad que tenéis un amigo, y que este amigo es de esas muy saludables personas que constantemente se cuestionan todo lo que sucede a su alrededor. Bien podría pasar que este amigo os desesperase y pusiese de los nervios; o quizá sucidiese algo mucho mejor, que os incitase a cuestionaros todo también, que alimentase y jalease a nuestro pensamiento crítico.
A inicios de los 90, el escritor Daniel Pennac sorprendía con una obra que a primera vista podría parecer modesta: un ensayo sobre la lectura.
Entre nuestros propósitos para el 2020 estarán, sin duda, esos que siempre andamos postergando.
Cuando el cine nació y comenzó a desarrollarse como un medio de expresión de la subjetividad y la creatividad, era lógico que se convirtiera también en un campo propicio para la reflexión sobre las grandes e insondables preguntas del ser humano.
La bondad es el pináculo de la inteligencia. Es su punto más cenital, el instante en el que la inteligencia se queda sorprendida de lo que es capaz de hacer por sí misma.
Estamos sustituyendo el cuánto tienes o incluso cuánto exhibes o pretendes tener por cuánto eres, cuánto sientes, cuánto vives. Ello es profundamente estúpido, dado que la felicidad está en las experiencias, no en las pertenencias.
Krishnamurti no dice que el amor no exista o que las personas no lleguen a amar sino que hace énfasis en que las personas no aman como parte de su cotidianidad.
La identidad del soñador ha sido constante fuente de búsquedas artísticas.
¿Y si estuviéramos viviendo por encima de nuestras posibilidades ontológicas? ¿Y si soñamos con algo que es lo contrario a lo que nos hará libres y felices definitivamente?