Los maravillosos mundos imaginarios de fantasía y realismo de Marcel Van Luit
Este artista holandés tiene la capacidad de crear increíbles mundos fantásticos en los que no nos importa saber que no existen porque, a menudo, soñar es necesario.
Este artista holandés tiene la capacidad de crear increíbles mundos fantásticos en los que no nos importa saber que no existen porque, a menudo, soñar es necesario.
Hay puntos de inflexión que son necesarios para reconstruir a partir de la destrucción, que nos llevan a aprender a partir de lo desaprendido o que conducen a que se puede hacer arte deshaciéndolo.
Si tiramos de recuerdos y hacemos acopio de esos retratos de familia que todos guardamos como un tesoro, no podremos evitar reconocer que, en la mayoría de los casos, lo kistch y lo rancio predominaban en el conjunto.
La era digital y las redes sociales han desarrollado un fenómeno que está causando estragos entre la población; esos Instagramers a los que se les va el Photoshop y los filtros de belleza de las manos, son ya una legión y han llegado para quedarse.
Pensad que en todos esos tiempos en los que no existieron ni cámaras de vídeo ni cámaras fotográficas, la única constancia que nos quedaba del aspecto físico de alguien, es el legado artístico, en forma de pintura y escultura, que nos ha quedado.
Cuando pasa el tiempo y muchas veces nos da por reflexionar en nuestras etapas vitales, podemos pensar en qué hariamos si tuvierámos la oportunidad de volver a nuestra juventud y poder aconsejar a nuestro yo adolescente.
En el cerebro de los artistas y de los que tienen gusto por la estética y las composiciones, hay un compartimento neuronal en el que se da rienda suelta a la imaginación para mezclar formas y componentes (ir)reconciliables.
La maravillosa cualidad de los collages es que en ellos pueden darse contrastes y combinaciones que parecen irreconciliables y nos producen sensaciones que pueden ir desde la transgresión y la provocación hasta el verdadero éxtasis.
Los gatos, esos adorables animalillos que inundan las redes protagonizando memes, vídeos, gifs, imágenes divertidas y montajes de Photoshop imposibles que nos dividen no saber bien si adorarlos u odiarlos.
Cuando antes oías eso de "aunque la mona se vista de seda, mona se queda", podría ser verdad (o no), pero es que hoy en día, en la era de los filtros, el retoque digital y el Photoshop, el que no es influencer es porque no quiere.