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La premisa de la igualdad de género

Vivimos una época de revoluciones. El modelo de sociedad occidental se tambalea, llevándonos a cuestionar nuestro sistema, nuestra forma de ver el mundo.

Cuando se habla de libertades, ya no sólo entran en juego los derechos civiles; hemos dado un paso más, poniendo en tela de juicio la estructura social en que nos movemos, la forma que tenemos de relacionarnos. Impugnamos los roles y los prejuicios que nos impusieron, hasta replantear la ética, la moral, 'el bien y el mal', estableciendo nuevos enfoques para estudiar la realidad.

Por Alejandra Aguado

 

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Desde finales del siglo XX y principios del XXI, hasta la actualidad, se extiende la llamada Tercera Ola Feminista. La lucha por la igualdad de género ya no sólo engloba a mujeres, se ha extendido a toda clase de grupos minoritarios, alzando una voz que clama por la igualdad social y la libertad sexual. Antes se pretendía tambalear gobiernos y líderes. Ahora se pretende crear un terremoto que trastoque a la sociedad en su conjunto, proyectando una queja cuyo eco resuene en todas partes.

 

El feminismo es uno de los movimientos sociales más potentes que ha habido nunca, y hoy su fuerza se ve intensificada y respaldada por las nuevas tecnologías, las generaciones jóvenes y otros activismos progresistas como el movimiento LGBT o el medioambientalismo. Sin embargo, en toda lucha siempre aparecen ramas radicales que desvirtúan el mensaje. El feminismo de nuestra generación es un feminismo salvaje, un feminismo de guerrillas, donde la mujer enseña los dientes y en ocasiones las tetas para achantar al hombre. Para las feministas el objetivo es la igualdad. Para las hembristas el objetivo es la supremacía.

 

El hembrismo, igual que el machismo, es un pensamiento sexista donde se exalta a la mujer y se degrada al hombre. Este planteamiento asusta a muchas personas, quienes llegan a negar incluso que exista. Igual que un machista nunca se verá a sí mismo como tal, la mayoría de hembristas se consideran feministas. Esta distorsión va propagándose dentro del movimiento de Tercera Ola, siendo cada vez más común la radicalización de sus miembros. Obviamente existen las feministas, obviamente la lucha sigue siendo necesaria, obviamente el mensaje original es digno de proteger. Pero cuando la rabia grita tan fuerte que acalla a la razón, poco queda por hacer.

 

El igualitarismo es un pensamiento que defiende la igualdad que ha de existir entre todos los seres humanos. Igualdad de oportunidades independientemente del género, la raza, la orientación sexual, o incluso el credo. Engloba a todos en un todo, sin hacer distinción. Al proponer un planteamiento tan generalizado, no busca beneficios para unos u otros grupos sociales, sino la justicia y la equidad. En los roles de género, no trata de 'igualar' a la mujer al nivel del hombre, sino que anula esas distinciones, esas etiquetas de 'hombre' y 'mujer', observando a ambos simplemente como personas.

 

Cada vez más colectivos feministas rechazan el término "igualitarista" debido a la apropiación neomachista que está sufriendo. Un machismo que se alza como "oposición" o "contrapunto" al feminismo. Sin embargo, igual que las hembristas que se hacen llamar feministas, no son feministas; los machistas que se autodenominan igualitaristas, no son igualitaristas. El feminismo en su esencia está integrado dentro del igualitarismo, igual que lo está la lucha de razas o las libertades sexuales, el problema es el desgate que sufre su mensaje al ser utilizado por personas sesgadas, personas reaccionarias o de ideología conservadora.

 

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Lo mismo sucede con el mensaje feminista en bocas sexistas –sí, se puede ser sexista contra los hombres, igual que contra las mujeres–, que de cara al público terminan por dañar a todo el colectivo en su conjunto. Aparecen palabras como "feminazi" para designar a personas que solo defienden sus derechos, por culpa de minorías radicalizadas que por desgracia hacen más ruido que la parte sensata.

Acabar con los sesgos y los colectivos es el mayor avance que debe proponerse la humanidad. Una vez nos desprendamos de los prejuicios, comprenderemos que la sociedad la crean los individuos, distintos pero al mismo tiempo semejantes. Cada uno con sus intereses y motivaciones, sin reducirse a un estereotipo, sin adaptarse a una ideología prefijada, sin buscar culpables o enemigos.

Para lxs hembristas –en efecto, existen también hombres hembristas– os diré que tenéis razón en la importancia de lograr la igualdad de género, pero en ciertas ocasiones la rabia puede nublar el juicio. El machismo es un mal de esta sociedad, pero no el causante de todos y cada uno de ellos. Si uno ve fantasmas donde no los hay, termina cazando aire.

 

Para los machistas que se autodenominan igualitaristas, os diré que por mucho que tergiverséis un mensaje de igualdad para mantener un status y orden social establecido, no vais a lograr nada. El igualitarismo es el movimiento más progresista que hay, ya que engloba a todos los demás dentro de su filosofía. Utilizando mal el término simplemente desvirtuáis la imagen de aquellos que realmente son igualitaristas, pero el mensaje de igualdad permanece intacto, pues es una corriente que sobrevive independientemente del término con que se la denomine.

 

La palabra "igualitarismo" se abre como una opción que muchos abrazan ante la decadencia del término "feminismo". Una decadencia que nace de la radicalización y el hembrismo encubierto que asolan, manipulan y tergiversan la lucha por la igualdad de género. Pero al final da completamente igual la palabra que usemos, y esto es lo que muchos no terminan de entender.

Yo puedo autodenominarme feminista, igualitarista, hembrista o incluso machista. Puedo poner en mi bio de Twitter que soy racista, o que me considero homófoba, igual que puedo decir que soy ecologista o pansexual. Todos esos términos tan manidos, pierden valor si no van acorde a mi actuación.

Dejemos de juzgar a las personas por la etiqueta que utilizan, para poder mirar más allá y así ver quiénes son realmente.

 

Por Alejandra Aguado. Podemos seguirla en su blog Resilient

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