Gabriel Isak empezó a fotografíar hace unos 12 años, casi a la vez que se enfrentaba, por primera vez en su vida, a una depresión. Dice que la fotografía le permite escapar a un mundo diferente dirigido por él, en lugar de a la inversa.
En aquel momento la enfermedad pudo con él y consiguió que durante un tiempo perdiera la pasión por la fotografía y le costara hacer frente al día a día.
En 2014, Gabriel consiguió ver la luz, recuperar la ilusión perdida, y retomar no solamente su formación y trabajo, sino también su vida. La misma que en estos procesos parece quedarse suspendida en el tiempo y que no vamos a recuperar nunca.
Sin darse cuenta, y sin buscarlo, Isak empezó a dejar constancia a través de sus imágenes de las emociones, los pensamientos y todo lo vivido durante esos duros años.
De esta forma su trabajo se ha convertido en una especie de terapia que intenta hacer extensiva al resto de personas que puedan necesitarla. Gabriel busca ayudar a otros a reflexionar sobre su propio viaje a través de la interacción con el mundo interno que muestra sus fotografías.
"Quiero que mis fotografías iluminen la salud mental y el lado más oscuro y solitario del mundo del que nunca hablaríamos. Mi trabajo se ha mostrado en galerías de todo el mundo y espero seguir exhibiéndolo al público en galerías y lugares de museos en el futuro y convertirlo en un libro en el futuro más cercano", explica.
Gabriel tiene situada su base en Estocolmo, y desde allí se mueve por todo el mundo para mostrar metafóricamente sus figuras de espaldas y universos surrealistas que nos acercan a las complejidades que, a veces, manifiesta el alma.
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