Los músicos profesionales o artistas de éxito están sometidos a una combinación de factores de riesgo. Por un lado, tienen una alta autoexigencia, pues muchos de ellos tienden a ser muy perfeccionistas.
Por el neuropsiquiatra Juan Manuel Orjuela, profesor del Máster en Neuromúsica de NUS Agency

También está la exposición pública constante y unos estilos de vida irregulares, con ingresos económicos inestables y en muchas ocasiones consumo de sustancias psicoactivas y/o de hipnóticos para dormir bien. Por otro lado, la música en sí es terapéutica, pero es también una vía de expresión emocional profunda que puede hacer emerger conflictos internos sin resolver.
Mayor riesgo de caer en depresión
Hay estudios que respaldan que los músicos tienen más posibilidades de sufrir depresión que el resto de los oficios. Así lo demuestra una investigación de la Universidad de Westminster, que apunta a que los músicos tienen tres veces más probabilidades de sufrir depresión que la población general. La fundación Help Musicians del Reino Unido reportó en 2016 que más del 70% de músicos encuestados sufría o había sufrido problemas de salud mental. Es un tema real y preocupante.
Los músicos tienen una sensibilidad muy particular y son emocionalmente más permeables, lo cual es parte de su talento. Pero las críticas constantes, la presión de la industria y el miedo a que los olviden o comparen les genera inestabilidad en sus relaciones. Todo esto puede llevar a un desgaste emocional crónico.
Des de la neurociencia, sabemos que las personas creativas tienen mayor conectividad entre las regiones cerebrales asociadas con la emoción, la memoria y el pensamiento divergente, que está relacionado con estructuras como la corteza prefrontal medial y el sistema límbico, la red neuronal por defecto. Esta “hiperconectividad” que facilita la creatividad también puede hacer que experimenten las emociones más intensas, lo cual puede hacerles susceptibles a sufrir ciertos trastornos. Digamos que también habría hipótesis genéticas entre la creatividad y el riesgo de psicopatología.

Fama, drogas y suicidio
La ansiedad escénica, la ansiedad social, los ataques de pánico y la sensación de vacío en las giras y conciertos puede ser devastadora. Algunos artistas han reportado tener trastornos de ansiedad generalizada o crisis de pánico que se van agravando con el estrés crónico, el hecho de dormir mal y el consumo de sustancias psicoactivas. Y en los casos más extremos puede evolucionar a un episodio depresivo muy severo y de acción suicida, y si no hay una atención psiquiátrica a tiempo, puede haber un suicido consumado.
Una de las razones por las que muchos artistas acaban recurriendo a los estupefacientes es para manejar la ansiedad, pues detrás del consumo de sustancias psicoactivas puede haber un problema de ansiedad o insomnio. Otros que consumen estimulantes como cocaína o anfetaminas lo hacen para activar su estado emocional o por el agotamiento mental y físico que generan las giras.
Otros buscan sostener un nivel de energía o creatividad muy exigente. El problema es que muchos de ellos acaban sufriendo adicción al consumo de sustancias, pues generan fenómenos de tolerancia, una abstinencia y dependencia que daña su salud mental.
Respecto al efecto de los estados emocionales de los músicos, Adele por ejemplo tiene unas crisis relacionadas con duelos de pareja y es cuando compone sus grandes éxitos. Una crisis emocional sí puede llevar a procesos creativos profundos, pero si la crisis cruza el umbral de lo psicopatológico con un trastorno depresivo mayor, con riesgo de suicidio y la persona abandona sus hábitos de cuidado básicos, entonces la creatividad puede bloquearse por completo.
Las dos caras de la música
Siendo la música una extraordinaria terapia para ayudarnos con muchas patologías, es completamente paradójico que los profesionales de la música padezcan trastornos depresivos.
La música tiene un poder terapéutico real. La musicoterapia ha demostrado que regula las emociones, activa los circuitos del placer, de la recompensa, promueve el bienestar, la fluidez mental, etc.
Pero para los músicos profesionales es diferente porque tienen una relación con la música que muchas veces no está basada en el gozo o hobby y se convierte en presión, autoexigencia y sustento económico, lo que puede distorsionar su efecto protector.
La música es una herramienta terapéutica muy poderosa. Incluso los músicos enfermos muchas veces utilizan esa melancolía creativa, sublimando esa emoción en una letra, pero muchas veces no es suficiente por sí sola y hay que buscar ayuda, una psicoterapia, un tratamiento médico y tener hábitos de vida saludable.
La música les ayuda, pero deben complementarlo con otras actividades.
Muchos son reacios a pedir ayuda por miedo al estigma o mostrarse débiles, pero también hemos visto en los últimos años que grandes artistas han aceptado tener síntomas depresivos como Adele, J. Balvin o Chris Martin recientemente.
Muchas veces ayudan a ponerle voz a este sufrimiento y a promover que las persones cuiden de su salud mental. Además, demuestran que, a pesar de ser exitosos, también son vulnerables y esa vulnerabilidad es muy humana.
Entonces, en algunos casos sí buscan ayuda y los que no quieren mostrarse débiles o imperfectos, no lo hacen.