El arte urbano y provocador de Levalet

El arte urbano y provocador de Levalet

Convertir los lugares más corrientes de Francia en inesperadas escenas, eso es lo que hace el artista galo Charles Leval, más conocido como Levalet.

 

El grafiti moderno, entendiéndolo como el dibujo sobre un muro normalmente realizado con spray, se remonta a la Filadelfia y al Nueva York de los 60, década en la que una serie de artistas con la inquietud de dar cabida a sus mensajes y liberar sus musas deciden hacer de las calles o los vagones de metro sus propias salas de exposiciones, una suerte de showrooms anárquicos sin reglas ni protocolos establecidos.

Este tipo de arte de la calle o arte urbano ha ido adquiriendo, precisamente la categoría de arte, con la evolución natural que ha sufrido hacia un instrumento de denuncia social o como un claro exponente de la cultura en general y de la cultura pop en particular, además, ha ido tomando prestigio debido al trabajo de artífices de la talla de Banksy, Belin en España o el francés Charles Leval, más conocido como Levalet.

Levalet no sólo hace de los muros sus lienzos, si no que va un paso más allá, y se suma a esa corriente de moda de utilizar elementos del mobiliario y del paisaje metropolitano  como partes de sus composiciones, hasta el punto de que es el propio elemento externo el punto de partida de su composición final. Tal es su destreza, que la interactuación entre sus obras y objetos como tuberías, contenedores, barandillas, bancos o buzones es tan estrecha que es difícil discernir los límites entre qué inspiró a qué.

  

Su principal radio de acción son las calles de París, y aunque el spray sea su principal herramienta de trabajo, para no tener conflictos con las autoridades y esos ciudadanos que siguen pensando que lo que hace no es arte, que es vandalismo, ha optado por realizar muchas de sus obras previamente en papel para luego pegarlas en las paredes con cola, propiciando, tristemente, la caducidad y la fugacidad de estas piezas.

Estamos seguros de que algún día el ingenio, la ironía o la sátira de muchos de estos artistas callejeros será reconocido como merece, y puede que sea el día que entendamos que el verdadero vandalismo no reside en pintar las calles, reside en remover las conciencias a golpe de aerosol...que ese día nos pille andando por París.

Levanet: Web 

h/t: Juventud Rebelde 

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