Como en «Una historia verdadera», la bonita película de David Lynch en la que su protagonista se recorría EE.UU. montado en una cortadora de césped para ver a su hermano, en 1956, la familia Motin también hizo un increíble periplo. Pero eso no fue una película.
La realidad siempre supera a la ficción porque la realidad está llena de personas valientes y aventureras que entienden la vida desde una perspectiva mucho más emocionante que el resto de los mortales.

Como si de auténticos nómadas se tratara, en 1956, la familia Montin, compuesta por cuatro miembros, realizó un extraordinario viaje de 19.000 km que tuvo su origen en Sídney y su meta en París.
En una sola Lambretta Lambro 150 FD, un scooter de tres ruedas, Guy Montin, su esposa británica Beryl, y sus dos hijos pequeños (Charles de cuatro años e Yvonne de dos) se recorrieron gran parte del mundo haciendo un viaje que marcó sus vidas.
En la Lambretta Lambro 150 FD, que era un vehículo comercial ligero de tres ruedas y no la típica scooter de dos ruedas, Guy construyó a medida una pequeña cabina de madera contrachapada a la que le puso una lona en la parte trasera para acomodar a su familia y su equipaje. El espacio, además, también podía usarse para dormir.


El vehículo alcanzaba una velocidad máxima de tan solo 40 km/h. Beryl se refería al scooter modificado como «el cacharro». El viaje completo duró varios meses debido a las largas paradas que realizaron por las inclemencias meteorológicas y por la hospitalidad de algunas personas que hicieron alargar algunas estancias en ciertos lugares.
La familia primero condujo 4.800 kilómetros a través del interior australiano desde Sídney hasta Perth, donde embarcaron rumbo a Colombo, Sri Lanka (entonces conocido como Ceilán). Desde allí, navegaron hasta Bombay (India), donde comenzó la mayor parte del viaje por tierra.

Su ruta los llevó a través de: India, Pakistán, Persia (actual Irán), Irak, Siria, Líbano, Turquía, Grecia, Yugoslavia (antigua), Italia y Francia.
Los Montin habían planeado inicialmente pasar seis semanas en India. Guy había estudiado cuidadosamente el movimiento estacional de las lluvias monzónicas y había ideado una manera de evitarlas. Sin embargo, fue el monzón lo que finalmente obligó a detener su viaje, momento en el que Guy, Beryl y los niños tuvieron que depender de la hospitalidad del pueblo indio para encontrar refugio.


Durante su estancia de más de cuatro meses ocurrieron anécdotas como que un periódico indio destacó los baños diarios de la familia en el río Ganges y su estricta dieta vegetariana como la principal razón de su buena salud.
En una carta que Guy Montin escribió a la compañía Lambretta, la fabricante de su vehículo, les explicó que le habían dicho constantemente que estaba loco y que nadie había creído jamás que lograría su objetivo. En Sídney, nadie pensaba que siquiera llegarían a Perth. En Colombo, la gente juraba que no podrían llegar a Lahore durante el monzón. En Lahore, que sería imposible llegar a Quetta. En Quetta, los consideraban locos si de verdad creían que podrían atravesar Persia en moto.
En la carta, Guy escribió —triunfal y con gran placer—: «Eppoi si muove we're in Teheran…». Eppoi si muove se traduce como algo así como: «Aún seguimos adelante…». Continuó la carta: «Lo peor ya pasó. Ahora sabemos con certeza que una familia de cuatro puede comer, dormir y recorrer quince mil kilómetros en una Lambretta Furgoncino. No estamos locos. De hecho, los cuatro estamos en excelente forma física y mental».

«Mientras tanto, debemos recalcar un hecho importante: no es culpa de nuestra moto que hayamos tardado más de seis meses en recorrer esta parte del viaje. Es la gente la que no nos deja irnos. El motor ronronea como un guepardo en el aire fresco de la mañana, los niños están alimentados, vestidos y con sus necesidades satisfechas. Mamá acaba de recuperar las gafas perdidas de papá. Estamos listos para los trescientos kilómetros diarios…».
Finalmente, cuando llegaron a París y pasaron la noche acampando en su fiel Lambretta en el parque Bois de Boulogne, a las afueras de la ciudad cayeron en la cuenta de que habían recorrido once países y se habían encontrado con todo tipo de climas, desde nieve de un metro de altura hasta olas de calor y lluvias monzónicas.

Conocieron tribus primitivas, selvas espesas y desiertos implacables. Han sufrido disentería y, sobre todo, un grave accidente en el interior de Australia.
De vuelta en Inglaterra, Beryl confesó que ni siquiera era la falta de baños diarios lo que más le molestaba, sino la larga y agotadora ruta desde Quetta, en Pakistán, hasta Mashhad, en Persia. Este tramo, de casi 3000 km, les llevó varias semanas, durante las cuales solo comieron queso de cabra seco y fruta.



Aun así, Beryl admitió que no haberse dado un baño caliente desde que salieron de Sídney acabó afectándoles al ánimo y que les produjo una gran alegría cuando por fin pudieron disfrutar de baños calientes en Persia.
Había sido una auténtica aventura para la familia Montin y una experiencia colosal e inolvidable para los niños. Guy tomó algunas notas durante el viaje, sobre todo de las conversaciones que mantuvieron.
Fue un viaje que no sólo llenó sus mochilas emocionales de miles de kilómetros.