Nos hemos encontrado con la propuesta artística de la catalana Cinta Vidal que explora espacios intrincados y estructuras que levitan para hacernos reflxionar.
Para esta artista, la pasión por el dibujo se le presentó a muy temprana edad, pues desde niña Vidal decidió hacer del lápiz y papel sus mejores amigos. Por ese motivo estudió en la Escola Massana de Barcelona y, en su adolescencia, comenzó a trabajar como aprendiz en Taller de Escenografia Castells Planas en St. Agnès de Malanyanes.
Este sería el parteaguas de todo el arte que vendría después. Además, este punto en su carrera fue de gran relevancia, ya que tuvo la influencia de sus maestros Josep y Jordi Castells. Posteriormente, se sumergió en el mundo de la pintura y la ilustración.
Estas dos disciplinas le abrieron un campo de posibilidades creativas y poco a poco fue desarrollando lo que ella llamó construcciones antigravedad. Esta denominación se hace evidente al ver su obra que se caracteriza por la construcción de universos flotantes basados en la arquitectura y en elementos surrealistas.
En este sentido «todo depende del cristal con que se mire», pues la vida cotidiana se ve reflejada de una manera diferente. Vidal logra esto mediante un procedimiento que cosiste en manipular los objetos (y hasta las personas) de tal manera que sus piezas sean un reflejo de nuestra naturaleza interna y externa.
«Quiero que los espectadores reconozcan lo que están viendo, pero que lo vean de una manera muy diferente, desestructurada y rota», comenta. Por lo que sus piezas resultan una metáfora de la vida misma y de las diferentes formas de verla.









