El arte, desde los orígenes de los tiempos, está ahí para movernos y conmovernos. Para hacer que nos dé un vuelco el corazón, se ponga patas arriba todo tipo de razón y nos arda la conciencia.
Visiones personales, expectativas y temores sobre una sociedad tecnológicamente súper avanzada, la escultora británica Lucy Glendinning creó la instalación: El niño emplumado, una metáfora que se convirtió en pregunta y temor ante un muy posible futuro: ¿será el hombre capaz de soportar las consecuencias de la manipulación genética?
Estas esculturas de niños cubiertos de plumas, invitan al espectador a reflexionar sobre la realidad de tales creaciones fantásticas, pero absurdas, en un mundo en el que estas posibilidades podrían convertirse en realidad. ¿Seremos capaces de resistir la alteración de nuestras capacidades físicas si tuviéramos la capacidad de cambiarlas? Por otra parte, ¿el hombre va, como Ícaro, a desafiar sus capacidades sólo para encontrarse ante una caída que terminará con él?
El niño de las plumas tiene su origen en la fascinación de Glendinning con visiones de una sociedad futura y cuestiona, ¿hasta dónde puede progresar la humanidad antes de que todo se caiga a pedazos?
Lucy Glendinning: Web | Instagram








