El simple acto de quitarse una camiseta puede convertirse en un arte en el que se mezclan la sensualidad de la anatomía luchando contra la tela en una simbiosis corpórea que proporciona una serie de formas indefinidas.
Pero el erotismo que desprende esta imagen, también puede causar sensaciones nihilistas de angustia y desasosiego que son más propias de luchas internas, tormentas espirituales y esos conflictos subyacentes de nuestro inconsciente.

El escultor taiwanés Tung Ming-Chin usa la fuerza de esta metáfora que provocan los cuerpos y los objetos envueltos por telas y tejidos y, yendo un paso más allá en un más difícil todavía, transmite esa sensación a través de rígida madera que cobra vida y produce angustia existencial.
Este artista es un maestro transformando la madera en esculturas pensativas y emotivas; sus piezas suavemente pulidas, se transforman a medida que el espectador se mueve a su alrededor y va descubriendo las diferentes perspectivas y aristas de un todo.


Ming-Chin trata temas de emoción interna y del subconsciente; sus esculturas muestran figuras atrapadas dentro de la madera luchando por salir fuera y tomar aire o escondidas del mundo en el único refugio que las hace sentir seguras.
En un trabajo que titula Breath, este creador plasma una metáfora que explica como "la transformación de un espacio físico es un espacio psicológico interno afectado por la visión". Las extremidades de una figura humana sobresalen de un caparazón de tela como si fuera una tortuga y conduce al espectador a reflexionar sobre el misterio que hay encerrado dentro.




En otra creación llamada Inner Turmoil, el artista transforma la madera en un papel de seda clavado en una pared; desde adentro, una persona está empujando y probando los límites del espacio. Este espacio creado por la figura puede verse como una forma de explorar su inquietud interior.


Lo cierto es que alrededor de la obra de este peculiar escultor y artesano flota un halo tormentoso y de desazón totalmente hipnótico.
