En 2006, el fotógrafo y cinematógrafo vasco Alberto López Palacios descubrió una forma de dignidad; el circo:
Un universo que no siempre ha sabido evolucionar al mismo ritmo que los tiempos y las conciencias, y que por eso hoy se percibe como una estética en decadencia, a veces incómoda, a veces anacrónica. Pero también profundamente honesta.

Alberto López Palacios (San Sebastián) es fotógrafo y creador visual, conocido por su mirada humanista y su capacidad para revelar belleza incluso en los territorios más frágiles.
Ha documentado conflictos, crisis humanitarias y desastres naturales, siempre movido por la idea de que la fotografía puede abrir caminos de empatía y transformación.
Su trabajo combina memoria, ética y emoción, y entiende la cámara como una herramienta para iluminar aquello que suele permanecer oculto. Convencido de que el arte puede mejorar el mundo, sigue dedicando su obra a contar historias que merecen ser escuchadas.
Convencido de que el arte puede mejorar el mundo, sigue dedicando su obra a contar historias que merecen ser escuchadas.

Por eso Alberto ha abrazado el mundo del circo con su lírica visual, un mundo que nunca ha pretendido ocultar sus costuras. Al contrario: las exhibe y las convierte en parte de su lenguaje. En la huella visible de una entregada al arte de conmover con lo que cada cual sabe hacer mejor, sin promesas de grandeza ni efectos especiales.
Al recorrer estas fotografías, emergen rostros atravesados por el cansancio, por un maquillaje que nunca termina de borrarse del todo, por la ternura inesperada de quienes habitan el territorio frágil entre la risa y el desgaste. En cada imagen late una verdad esencial: la belleza no siempre se encuentra en lo impecable, sino en aquello que revela el paso del tiempo y, aun así, persiste.

El circo aparece aquí como un refugio de humanidad. Un espacio donde la luz y la sombra conviven sin pudor, recordándonos que el arte nace muchas veces de lo precario y, aun así, ilumina. Una magia antigua que ya no busca deslumbrar, sino acompañar, llevar asombro a los lugares donde casi no queda nada.

Las imágenes de López Palacios invitan a detenerse, a mirar con atención la vida de quienes han consagrado la suya a provocar risa, ternura y asombro. Y a recordar que detrás de cada máscara hay un latido, y detrás de cada función, una historia que merece ser escuchada.
Alberto eligió esta profesión por "memoria y por amor", las únicas cosas que pueden "trascender cualquier dimensión espacio temporal". Desde entonces ha cubierto conflictos bélicos, hambrunas o'desastres naturales en países como Sudán, Níger,Haití o Siria.










«Mi intención es mostrar a la sociedad que todos podemos y debemos ser partícipes de un cambio positivo frente a situaciones de injusticia, sin concesiones y sin necesidad de grandes infraestructuras
Creo que el arte radica en hacer perceptible para el resto de los mortales aquello que en su estado natural no lo es. Y es la percepción de esa realidad la que puede estimular a un sujeto a querer cambiar su entorno, dar a conocer lo desconocido y lo ignorado».
-Albero López Palacios.