Hubo una época donde la gente se miraba a los ojos mientras paseaba por las calles de las grandes ciudades.
La genial fotógrafa Carrie Boretz ha sido testigo de un Nueva York de extraños pero también de pequeñas e íntimas historias. Ha inmortalizado varias décadas porque no dudó en salir a explorar sin aliento las hendiduras de una ciudad plagada de conflictos, de ansiedad, y de dulzura.

Nueva York era abrasiva e implacable durante las décadas en las que Boretz era más prolífica y eso hace tan especial su trabajo. Con gran pureza y corazón, la artista congeló para el recuerdo grandes momentos de la enorme y mágica Nueva York, la ciudad que nunca duerme.














via Feature Shoot