Pocas cosas son tan sobrecogedoras y espectaculares como la observación de la galaxia en la que vivimos, los humanos llevamos observandola con admiración, temor, adoración y curiosidad desde siempre y nunca nos cansaremos de hacerlo.
Observar la Vía Láctea desde la Tierra es un buen ejercicio de humildad, haciendolo, nos damos cuenta de lo pequeños que somos y de nuestra absurda tendencia a creernos el centro del universo.
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