Pocos momentos son tan trascendentales en la vida de una mujer como el momento de dar a luz a un hijo.
Dolor, amor, miedo, ilusión, incertidumbre, esperanza, por nombrar algunos de los sentimientos, se dan la mano en un momento único, el del parto; ese punto vital que supone el fin y el principio de tantas cosas.
Empiezan dos vidas nuevas, la de una madre y la de su hijo. La memoria borra instantes que la fotografía puede recordarnos para siempre y, justo eso, es lo que le ocurrió a esta fotógrafa especialista en partos y en fotografías de bebés.
"Desde el momento en que entré por la puerta, Ranger estaba tan emocionado. ..." Dijo la fotógrafa refiriéndose a Ranger, el perro de la famila.
"Se podría decir que sabía que algo estaba sucediendo. Rápidamente vino a saludarme, luego se dirigió directamente al dormitorio para estar con Brooke (la mamá) mientras comenzaba el tranajo de parto."
"Tenía mucha curiosidad por saber qué estaba pasando. Se acostó debajo de la cama mirándola sin parar. Él era un compañero constante y tranquilizador y cada vez que venían las contracciones, Ranger se acercaba a Brooke para darle un pequeño lametón"
Pero llegó por fin el momento: ¡Era una niña! En ese momento, el pequeño Ranger corrió a encontrarse con la pequeña. Ya la quería con locura. Ranger era entonces el perro más feliz del mundo. La sorpresa de toda la familia, días después, al ver las fotografías, se dieron cuenta de que el pequeño Ranger era el mejor compañero que podrían haber soñado para su preciosa familia.
