¿Cuántas posibilidades hay de que una persona conozca en vida a un tataranieto o una tataranieta? Escasísimas y es por eso que el famoso fotógrafo Richard Avedon quiso tomar la captura que desafió al tiempo.
Para situarnos en las a veces complicadas ramas que conforman los árboles genealógicos, un tataranieto o una tataranieta es el hijo o la hija del bisnieto o la bisnieta de una persona en concreto. A su vez, el bisnieto o la bisnieta es es el hijo o la hija del nieto o la nieta de esa misma persona en concreto. En resumen, ser tataranieto o tataranieta es pertenecer a la cuarta línea de descendimiento de una persona.
Pues bien, en esta tierna e improbable captura, aparece William Casby de 106 años tomando en sus brazos a su tataranieta. Nacido en 1857, Casby sostiene emocionado a Cherri Stamps-McCray creando un contraste temporal que resulta tierno e impactante al mismo tiempo.

Nacido esclavo en 1857 en Algiers, Luisiana (o posiblemente Danville, Virginia, según algunos registros), Casby fue uno de los últimos estadounidenses vivos con recuerdos directos de la esclavitud. Posteriormente trabajó como estibador en Luisiana y vivió hasta los 113 años, falleciendo en 1970.
Tras conocer la sorprendente historia, Richard Avedon viajó al sur tras leer un artículo periodístico sobre el 106 cumpleaños de Casby.
La foto fue tomada el 24 de marzo de 1963 y fue parte de la colaboración de Avedon con el escritor James Baldwin para el libro Nothing Personal (1964), que exploraba el estado de la identidad estadounidense.

Avedon utilizó su característico enfoque minimalista para dotar al retrato de intensidad. Al eliminar el contexto ambiental, Avedon obliga al espectador a confrontar la presencia física de Casby, la sabiduría y la serenidad que se reflejan en sus profundas arrugas y su mirada fija.
Esta cámara de gran formato capturó un inmenso detalle, enfatizando la textura de la piel de Casby y el gran tamaño de sus manos, que muchos espectadores notan como las de un hombre que trabajó duro toda su vida (fue estibador durante décadas).

“Es necesario, mientras estamos en la oscuridad, saber que hay una luz en alguna parte”, escribía Baldwin en el libro Nothing Personal.
La fotografía ha sido citada a menudo por historiadores y críticos por su capacidad de colapsar el tiempo. Cuando se publicó, sirvió como recordatorio de que la esclavitud pertenecía a la historia reciente. El hombre de la foto lo había experimentado personalmente, pero estaba vivo para sostener a un niño que crecería en la era espacial del siglo XX.
Gracias a vintag.es.