Amamos esa capacidad que tienen los ilustradores asiáticos de crear mundos de fantasía que a su vez están compuestos por otros mundos que conviven en fabulosos juegos de mágicas multidimensiones y que impregnan con el estilo y el folclore orientales; así es la obra de Victo Ngai, que recuerda al universo del maestro Miyazaki, saturada de color y de imaginación.
Victo (de Victoria) Ngai es una reconocida y multipremiada ilustradora hongkonesa que no para de trabajar porque cree fervientemente en aquello de que la inspiración y las musas deben encontrarte con el folio y el lápiz delante; y es que las creaciones de Ngai respiran inspiración por todas sus capas y requieren tener el motor de la imaginación siempre en marcha.
Sus detallistas ilustraciones requieren de un esfuerzo de observación extra, y las intrincadas historias que pretende contarnos en ellas han encandilado a clientes de la talla del New York Times o The New Yorker debido al aire publicitario y de cómic que tienen, ideal para impactantes portadas.
Incluída este año en la revista Forbes como una de las personas más influyentes del arte y la cultura, Ngai decició emigrar a EEUU cuando quiso dedicarse a la ilustración.
Ella misma confiesa que "En Asia hay ciertos prejuicios sobre el arte y el diseño; la gente cree que sólo los niños que no pueden estudiar o que no sacan buenas notas en la escuela se dedican luego a las bellas artes”; consiguió entrar en la Rhode Island School of Design, y no dudo en irse a Nueva York a cumplir su sueño.
Sus distopías fantásticas llenas de elementos mágicos y realistas y con las que pretende contar siempre una historia, son tan laboriosas que requieren de la delicadeza y el tiempo que un artesano o un orfebre dedica a cada una de sus criaturas, lo que, a veces, es incompatible con el ritmo de trabajo que impone el mundo editorial, el terreno en el que mejor se desenvuelve.
La historia de Victo Ngai es la historia de alguien que ha luchado para conseguir lo que deseaba contra todo pronóstico, y realizando lo que le gusta sin "venderse"; es por eso, que, consciente de su estrella y su constancia, se imagina dedicándose a la ilustración toda la vida.
Ella cree que “Un buen estilo es simplemente aquel con el cual el artista se siente más cómodo” y eso se nota en cada uno de sus trazos llenos de verdad y de libertad, esa que consiguió el día que decidió seguir su intuición y creer en la magia que derrochan sus manos a la hora de plasmar todo eso que los demás tenemos la suerte de admirar.








